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Mensaje conjunto de UNESCO, OIT, PNUD Y UNICEF con motivo del Día
Mundial de los Docentes (5 de octubre de 2003)
Pregunte a cualquier padre cuál es el factor más importante
de la educación de sus hijos y comprobará que en muchas
ocasiones la respuesta será "buenos profesores". Mientras
las nuevas tecnologías y asignaturas se están situando con
rapidez en primer plano del proceso educativo, los alumnos sólo
podrán hacer uso adecuado de ellas si cuentan con la orientación
de unos buenos maestros.
Hoy, Día Mundial de los Docentes, pedimos a los padres y a todos
los ciudadanos que se paren un momento a pensar en el cambio que supuso
en su vida haber dado con un buen maestro, un profesor inolvidable. ¿Dónde
estarían si no se hubiese cruzado en su camino, si, desmotivado,
hubiese abandonado ya la docencia?
Esto es lo que está ocurriendo actualmente, con mucha frecuencia
y en comunidades ricas y pobres por igual: desbandadas en masa de maestros
y profesores inducidas por los recortes presupuestarios en el servicio
público, las condiciones de trabajo caóticas, la jubilación
inminente del personal que se va haciendo mayor, el estrés y el
agotamiento y, en muchas comunidades, el elevado número de fallecimientos
de docentes como consecuencia del VIH/SIDA.
El resultado es una crisis de escasez de maestros y profesores: según
las estimaciones, para 2015 podrán necesitarse en todo el mundo
hasta 35 millones de nuevos maestros de primaria, casi tantos como los
que se encuentran actualmente en ejercicio en este nivel de enseñanza.
Sin ellos, no se alcanzarán los Objetivos del Milenio con los que
los países del mundo se han comprometido, especialmente el logro
de una educación primaria universal y la erradicación de
la extrema pobreza, meta esta última para la cual la educación
es tan importante.
Esta crisis, que en gran medida ha pasado desapercibida, a menudo va acompañada
de una indiferencia por parte de los ciudadanos que responde a la suposición
errónea de que cualquiera que sepa algo de niños puede enseñar,
y de que siempre se puede encontrar muchas personas a las que se puede
formar con rapidez para desempeñar esta tarea. Pese a que dirigimos
cuatro organismos de las Naciones Unidas que se ocupan de múltiples
aspectos de la educación, podemos afirmar con seguridad que, sin
una formación y un apoyo adecuados, no podríamos entrar
en un aula y enseñar eficazmente.
Pedimos a cada comunidad que recapacite sobre las condiciones mínimas
que debe reunir un buen docente. Quizá donde más sucintamente
se hayan determinado estas condiciones sea en la Recomendación
internacional de 1966 relativa a la situación del personal docente:
"La enseñanza debería considerarse como una profesión
cuyos miembros prestan un servicio público; esta profesión
exige de los educadores no solamente conocimientos profundos y competencia
especial, adquiridos y mantenidos mediante estudios rigurosos y continuos,
sino también un sentido de las responsabilidades personales y colectivas
que ellos asumen para la educación y el bienestar de los alumnos
de que están encargados."
Pedimos asimismo a todos los interesados en la educación que se
ocupan de la planificación de programas para el año lectivo
que reflexionen sobre las asignaciones adicionales de recursos y apoyo
público que se necesitarían para garantizar que todos los
docentes de sus comunidades, al igual que todos los maestros en ciernes,
posean ese nivel mínimo de profesionalidad.
Hoy queremos dar las gracias a los maestros y profesores, a quienes la
sociedad ha atribuido una de las tareas más difíciles y
de mayor responsabilidad del mundo. Gracias por las expectativas que albergan
con respecto a sus alumnos, que si bien acarrean a las aulas sus problemas,
también llevan sus esperanzas. Sabemos, por ejemplo, que el hecho
de que tengan una visión positiva de los logros escolares de las
niñas contribuye de manera inestimable a fomentar la plena participación
de las jóvenes en la sociedad. Gracias por su competencia y perseverancia.
Gracias por utilizar su ingenio para lograr que el aula sea un lugar seguro
y acogedor para todos los niños y niñas, por respetar sus
derechos, por estimular su talento, por aliviar sus temores, y por construir
su sentido de la dignidad. Gracias por ir a trabajar cada día,
pese a las dificultades, y en muchos casos, a la persecución física
y política. Saludamos su valor, su dedicación y determinación.
Tengan la seguridad de que la actividad que ustedes ejercen es insustituible
y de que merece el respeto y apoyo de todos. No nos engañemos:
nuestro futuro depende de ella.
Koichiro Matsuura Director General de la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO)
Juan Somavía Director General de
la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
Mark Malloch Brown Administrador del Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo (DPNUD)
Carol Bellamy Directora Ejecutiva del Fondo
de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)
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