Nueva
York, 8 de junio de 2006
S.E.
Sheikha Haya Rashed Al Khalifa
Discurso de aceptación de la presidencia
Señor
Presidente, Señor Secretario General, distinguidos delegados,
queridos amigos:
Es para mí un honor y un placer haber sido elegida Presidenta
de la Asamblea General en su sexagésimo primer período
de sesiones. Deseo expresar mi sincero agradecimiento a todos los Estados
miembros, en particular al Grupo de Estados de Asia, por haber apoyado
mi candidatura y por la confianza que han depositado en mí. Mi
elección para ocupar este alto cargo es un honor para mi país,
el Reino de Bahrein, que atraviesa reformas políticas y económicas
amplias y reales. Si bien su territorio es pequeño, los logros
de Bahrein han sido destacados.
He de trabajar
en cooperación con todos los miembros para continuar por el sendero
que han trazado mis colegas, los Presidentes de la Asamblea General
en sus anteriores períodos de sesiones, en particular mi colega,
el Excmo. Sr. Jan Eliasson, Presidente de la Asamblea General en el
actual período de sesiones. Él ha hecho grandes esfuerzos
para promover la reforma de las Naciones Unidas, y sus logros en el
ámbito de la paz y la seguridad internacionales y de los derechos
humanos son dignos de mención.
Deseo elogiar
los esfuerzos incansables que ha realizado el Secretario General, Sr.
Kofi Annan, durante su mandato con el fin de promover los principios
de la Carta de las Naciones Unidas y realzar el respeto de la dignidad
humana en todo el mundo. Celebro la manera constante en que trabaja
con los Estados Miembros para liberar a los pueblos del temor, las privaciones
y las enfermedades, así como para sentar las bases de la reforma
de las Naciones Unidas.
Permítaseme
felicitar a todos los miembros por los esfuerzos realizados durante
el actual período de sesiones, que se vieron coronados por el
establecimiento de la Comisión de Consolidación de la
Paz, la creación del Consejo de Derechos Humanos, como entidad
de la Asamblea General, y el fortalecimiento del Fondo central para
la acción en casos de emergencia.
Hoy las
Naciones Unidas hacen frente a desafíos en muchas partes del
mundo, desafíos que amenazan la seguridad mundial. Para abordar
y resolver esos desafíos se requieren esfuerzos concertados.
Abrigo la esperanza de que, mediante consultas y acciones coordinadas
entre todos, podamos determinar las deficiencias y desarrollar un sistema
basado en el multilateralismo eficaz que permita lograr resultados tangibles
y servir a nuestros intereses comunes, de conformidad con la Carta de
las Naciones Unidas.
Verdaderamente,
las Naciones Unidas necesitan constantes esfuerzos de todos nosotros
para revitalizar sus órganos principales, puesto que la reforma
de la Organización se ha vuelto indispensable para el logro de
sus objetivos.
Espero
con interés trabajar con los miembros para respaldar los principios
universales consagrados en la Carta. Me guiaré también
por la política exterior del Reino de Bahrein, que se basa en
el imperio de la ley, la tolerancia y el respeto de las libertades y
los derechos humanos. Hay que fortalecer la relación entre la
Asamblea General y el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico
y Social y otros órganos de las Naciones Unidas. También
es necesario fortalecer la colaboración entre las Naciones Unidas,
las organizaciones regionales y las instituciones de la sociedad civil.
Trabajaré con los miembros para velar por que en este sexagésimo
primer período de sesiones la Asamblea continúe el proceso
de reforma de las Naciones Unidas que se inició hace algunos
años.
Me embarga
un profundo sentimiento de dolor causado por las tragedias que tienen
lugar en el mundo, tanto a desde el punto de vista humano como del medio
ambiente. En el ámbito humano, me siento afectada por el sufrimiento
causado por las controversias políticas, las guerras, el terrorismo,
la pobreza y la desnutrición; en el ámbito del medio ambiente,
la contaminación, el calentamiento de la atmósfera, el
agotamiento de los recursos naturales y el aumento de la tasa de extinción
de las especies vivas, me impulsan a tratar de realizar cambios positivos.
En ese
contexto, no he olvidado los numerosos casos en que se maltrata a la
mujer, los casos de represión y de violaciones de los derechos
humanos en algunas partes del mundo. Esos casos que destacan el sufrimiento
que experimenta la mujer como consecuencia de las injusticias, me impulsan
a trabajar con los miembros para encontrar soluciones adecuadas, a fin
de aliviar su dolor y respetar los principios de la Carta, que subraya
el pleno respeto de todos los seres humanos, sin discriminación
alguna.
Además,
me siento también motivada por la necesidad de identificarnos
y comunicarnos unos con otros a fin de desarrollar una comprensión
común. Me resulta inconcebible que, a pesar del adelanto increíble
de la tecnología de la información, tengamos tantas dificultades
para comunicarnos. De hecho, en los últimos años, gracias
a la Internet, la noción de una biblioteca universal ha pasado
a ser realidad, algo que hace unos pocos decenios era un simple producto
de la imaginación del célebre escritor argentino Jorge
Luis Borges. Ello prueba el papel que puede desempeñar la tecnología
de la información para acercar a los seres humanos.
Por consiguiente,
si reflexionamos sobre todas las desgracias y tragedias que sufrió
la humanidad durante todo el siglo XX hasta la fecha, vemos que aquéllas
no sólo afectan a la humanidad, sino que distorsionan también
el sentido de la creatividad, el arte y la belleza, dejando una huella
desastrosa en la realidad y en nuestras vidas. De hecho, el futuro de
las próximas generaciones depende de la forma en que hagamos
frente a los problemas actuales. Debemos esforzarnos por preservar el
humanitarismo y velar por que nuestro planeta sea un lugar más
seguro y adecuado para vivir. Esencialmente, todos somos seres humanos
que compartimos un destino común, y eso fue lo que inspiró
a los fundadores de nuestra Organización.
Por ello,
es fundamental encontrar una estrategia amplia y práctica para
luchar contra uno de los mayores males de nuestro tiempo: el terrorismo.
¿Acaso podemos lograrlo sin abordar los problemas de la pobreza,
el desempleo, el analfabetismo y el extremismo en todas sus formas?
¿Es posible lograrlo sin examinar los planes de estudio que fomentan
ideologías terroristas y la exclusión? Ha llegado el momento
de centrarse en la importancia de la educación de las futuras
generaciones, y de fomentar los planes de estudios que promuevan la
apertura, el pensamiento crítico y la creatividad.
¿Acaso
no es esto lo que nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, tratamos
de lograr: una visión clara y pragmática, que ponga fin
a las actuales violaciones de las libertades humanas? Sabemos que la
mayoría de los habitantes del mundo padecen de hambre, enfermedades,
analfabetismo, guerras y desplazamientos internos e internacionales.
Sin embargo, no debemos perder la esperanza, porque creo que las grandes
esperanzas surgen de las grandes dificultades.
Para concluir,
no puedo dejar de reafirmar mi compromiso de trabajar con los miembros
durante el sexagésimo primer período de sesiones de la
Asamblea General para alcanzar los objetivos establecidos en la Carta
de las Naciones Unidas, en un marco de transparencia y pleno respeto
de todas las opiniones y posiciones.
(*traducción del discurso original en árabe)
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