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Francia
S. E. Sr. Jacques Chirac, Presidente de la República de Francia
Asamblea
General de las Naciones Unidas
23 de septiembre de 2003. Nueva York.
Señoras y Señores Jefes de Estado
y de Gobierno,
Señor Presidente de la Asamblea General,
Señor Secretario General de las Naciones
Unidas,
Damas y Caballeros:
Sergio VIEIRA de MELLO era la honra de las Naciones
Unidas. Fallecido el pasado 19 de agosto con sus colaboradores,
seguirá presente en nuestra memoria. Los invito a que dediquemos
este período de sesiones a ese gran servidor de la paz.
Las Naciones Unidas acaban de atravesar una de las
pruebas más graves de su historia. El respeto de la Carta
y el uso de la fuerza estuvieron situados en el núcleo mismo
del debate. Al emprenderse sin autorización del Consejo de
Seguridad, la guerra quebrantó el sistema multilateral.
Una vez asumida esta crisis, nuestra organización
retorna su camino y sigue adelante. Ya que, por encima de todo,
es en este recinto, crisol del orden internacional, donde nos corresponde
ejercer nuestra responsabilidad con respecto al mundo actual y ante
las futuras generaciones.
En un mundo abierto, nadie puede aislarse, nadie
puede actuar solo en nombre de todos y nadie puede aceptar la anarquía
de una sociedad sin normas. No existe una alternativa con respecto
a las Naciones Unidas. Mas para responder a los desafíos
de hoy, esta elección fundamental, expresada por la Carta,
exige una profunda reforma de nuestra organización.
El multilateralismo es esencial, ya que asegura la
participación de todos en la gestión de los asuntos
del mundo. Garantiza la legitimidad y la democracia, en particular
cuando se trata de decidir sobre el recurso a la fuerza o de promulgar
normas universales.
El multilateralismo es eficaz, ya que permitió,
tanto en Monterrey como en Johannesburgo, rebasar los enfrentamientos
Norte-Sur y abrir la vía para el desarrollo de asociaciones
portadoras de esperanza, en particular con África.
El multilateralismo es moderno, ya que es el único
que permite una comprensión de los problemas contemporáneos
en su globalidad y su complejidad.
En primer lugar, la solución de los conflictos
que amenazan la paz y la seguridad internacionales.
En Irak, la entrega de la soberanía a los
irakies, quienes deben ser los únicos responsables de su
destino, es indipensable para la estabilidad y la reconstrucción.
Corresponde a la ONU darle legitimidad a este proceso.
Es también a la ONU a quien corresponde acompañar
la transmisión progresiva de las responsabilidades administrativas
y económicas a las instituciones irakies actuales según
un calendario realista, y ayudar a la elaboración de una
constitución por los irakies y a la organización de
elecciones.
Por último, corresponde también a la
ONU, mandatar una fuerza multinacional, naturalmente bajo las órdenes
del principal contribuyente de tropas, con el fin de garantizar
la seguridad de Irak y de todos aquellos que contribuyen a la reconstrucción
del país.
En Medio Oriente, minado por la desesperanza y el
odio, sólo una voluntad política resuelta a aplicar,
por ambas partes, el derecho tal y como lo enunciaron las Naciones
Unidas, abrirá la vía a una solución justa
y duradera.
La comunidad internacional debe restablecer una dinámica
de paz. Debe implicarse en la aplicación de la hoja de ruta.
Esa debe ser la ambición de la próxima reunión
del cuarteto a nivel ministerial. Francia estima que el mecanismo
de supervisión conserva toda su vigencia y que la reunión
de la Conferencia internacional es una meta que se debe alcanzar
lo antes posible.
Y en la situación de tensión presente,
Francia hace un llamado a las partes para que no cedan a la tentación
de la confrontación y de una radicalización sin salida.
La lucha contra el terrorismo internacional constituye
otro de los grandes desafíos y se ha emprendido de la manera
adecuada, bajo la égida del Consejo de Seguridad y en el
marco de los tratados. El horror del 11 de septiembre afianzó
nuestra determinación. La amenaza tiene la mira puesta en
el corazón mismo de nuestras democracias y nuestras sociedades.
Combatimos el terrorismo por las armas pero no será suficiente.
Renacerá sin cesar mientras dejemos prosperar el extremismo
y el fanatismo, mientras ignoremos que toma como pretexto los conflictos
no resueltos y los desequilibrios existentes en el mundo.
Frente a la proliferación de las armas de
destrucción masiva, rechazamos la política del hecho
consumado.
Debemos estar unidos para garantizar la universalidad
de los tratados y la eficacia de los regímenes de no proliferación.
Para lograr que se respeten, habremos de desarrollar asimismo nuestros
medios de acción. Francia propuso la creación de un
cuerpo de inspección permanente dependiente del Consejo de
Seguridad. Imprimamos un nuevo impulso a esta política. Promovamos
una reunión en la Cumbre del Consejo de Seguridad a fin de
definir un verdadero plan de acción de las Naciones Unidas
contra la proliferación.
En lo inmediato, exijamos de Corea del Norte el desmantelamiento
completo, verificable e irreversible de su programa militar. Exijamos
de Irán la firma y aplicación de un acuerdo de garantías
reforzadas con el OIEA, sin condición ni demora alguna.
El desarrollo sostenible representa un desafío
más, ya que la mitad de la humanidad vive en la precariedad
o la gran pobreza. ¿sabremos establecer esa mundialización
de la solidaridad que piden nuestros pueblos como respuesta a la
mundialización de la economía?
Estamos de acuerdo sobre los objetivos y los compromisos
del Milenio nos obligan. Para realizarlos sigue siendo necesario
un fuerte impulso político. Propongo que los Jefes de Estado
y de Gobierno se reúnan en Nueva York en 2005 a fin de elaborar
conjuntamente un primer balance. Y deseo que esta Asemblea General
confirme la voluntad de los estados de superar el fracaso de Cancún
para garantizar el éxito de la ronda de Doha, la "ronda
del desarrollo".
Para asumir las misiones que se les confiaron y remediar
las flagrantes insuficiencias, las Naciones Unidas deben evolucionar.
Tres consignas se nos presentan como imperativas: democracia, autoridad
y eficacia. Gracias al Secretario General se han realizado progresos
y se nos proponen nuevas pistas. Ahora, a los Estados les corresponde
avanzar sin mayor tardanza, y poner término a las deletéreas
consecuencias del bloqueo de las reformas.
La ONU sufre de la debilidad actual de la Asamblea
General. Sin embargo aquí es donde habrá de organizarse
el debate y forjarse el consenso sobre las soluciones para los grandes
problemas. A fin de alcanzar los objetivos comunes que nos hemos
fijado, la cultura del enfrentamiento ha de ser substituida por
una cultura de la acción.
La responsabilidad principal del mantenimiento de
la paz y de la seguridad se ha atribuido al Consejo de Seguridad.
Por lo tanto, para su legitimidad es esencial que su composición
refleje el estado del mundo. La ampliación resulta imperativa.
Ampliación con relación a nuevos miembros permanentes,
ya que la presencia de los grandes países es indispensable
y, naturalmente, Francia piensa en Alemania y en Japón, mas
asimismo a algunos países de Asia, de África y de
América Latina. Finalmente, con el fin de mejorar aún
la representatividad del Consejo, será necesario elegir a
otros miembros. Con el impulso resuelto de los cinco miembros permanentes,
cada uno debe retomar la discusión teniendo en mente el interés
general.
Esta reforma debe estar acompañada por un
fortalecimiento de la autoridad del Consejo. A él le corresponde
encuadrar el recurso a la fuerza. Nadie podrá arrogarse el
derecho de utilizarla de manera unilateral y preventiva. No obstante,
en el sentido opuesto, al verse confrontados a amenazas crecientes,
los Estados deben poder contar con la certeza de que el Consejo
dispone de medios apropiados de evaluación y de acción
colectiva, y que tiene la voluntad de intervenir.
Tenemos un profundo apego por la soberanía
de los Estados y, sin embargo, su alcance podrá y habrá
de verse limitado en caso de violaciones graves de los derechos
humanos y del derecho humanitario. El Consejo de seguridad se comprometió
en esta vía y Francia apoya esta evolución.
Paralelamente, la represión de los crímenes
contra la humanidad adquiere mayor eficacia gracias al establecimiento
de la Corte Penal Internacional, cuya vocación es universal.
Este progreso histórico ha de avanzar con el fortalecimiento
del Alto Comisionado para los Derechos Humanos; situado bajo la
égida de una comisión a la altura de sus deberes y
de su cometido.
Hoy tomamos conciencia de que la mundialización
exige un gobierno económico, social y medioambiental más
sólido. Con esta finalidad, Francia propone la creación
de un nuevo recinto político que sea representativo del estado
económico del mundo en su diversidad. Este Consejo estaría
encargado de imprimir el impulso necesario a las instituciones internacionales,
fomentar su coordinación y anticipar y tratar los problemas
globales de una manera más adecuada.
La eficacia implica también el incremento
indispensable de los recursos financieros. Francia desea promover
dos cambios.
En primer lugar, invertir la tendencia relativa al
aumento de las contribuciones voluntarias en detrimento de las contribuciones
obligatorias. De lo contrario se trataría de una ONU a la
carta, una visión arcaica y nefasta.
En segundo lugar, avanzar en la movilización
de recursos para el desarrollo. Francia quiere realizar de aquí
a 2012 el objetivo del 0,7% de ayuda pública para el desarrollo.
Sin embargo, para liberar cada año las sumas necesarias para
la financiación de los compromisos del Milenio, este esfuerzo
y el de la Unión Europea no serán suficientes. Éste
es el motivo por el cual Francia apoya la innovadora idea de una
Facilidad Financiera Internacional. En lo personal, quisiera asimismo
que reflexionemos
con pragmatismo sobre las retenciones internacionales
de solidaridad, una imposición sobre las riquezas generadas
por la mundialización.
Para avanzar sobre estas cuestiones, apruebo la intención
del Secretario General de reunir en torno a él a un Comité
de Sabios independientes, encargado de presentar propuestas.
Damas y caballeros:
Contra el riesgo de un mundo sin orden entregado
a la violencia, obremos en pro del establecimiento de un estado
de derecho internacional.
Contra la injusticia y los sufrimientos de un mundo
en que las desigualdades se intensifican cuando nunca antes había
sido tan rico, optemos por la solidaridad.
Contra el caos de un mundo trastornado por los desastres
ecológicos, hagamos un llamado a favor de una responsabilidad
compartida, alrededor de una Organización de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente.
Contra la barbarie de un mundo en que se desprecian
los derechos fundamentales, donde la integridad del hombre se ve
amenazada, donde los pueblos primigenios, depositarios de un patrimonio
irreemplazable, desaparecen en silencio y ante la indiferencia,
afirmemos una exigencia ética.
Finalmente, contra el peligro del choque de civilizaciones,
reivindiquemos la igualdad de dignidad de las culturas, el respeto
de la diversidad y el valor del diálogo.
Con la Carta, adoptada en nombre de los Pueblos de
las Naciones Unidas, los fundadores proclamaron su fe en estos ideales.
Nos corresponde mostrarnos dignos de ella y situar a las Naciones
Unidas en el corazón mismo de esta democracia planetaria
tan indispensable en nuestros días.
Muchas Gracias.
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