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PLENARIO
Intervención
del Dr. Néstor Carlos Kirchner
Presidente de la República Argentina
Nueva York 25 de Septiembre de 2003
Señor Presidente:
En primer lugar, deseo expresarle a Ud. mis felicitaciones
por su elección para presidir estas sesiones, saludando también
al presidente saliente, Sr. Jan Kavan, por su labor al frente de
esta asamblea.
En nombre de nuestro gobierno queremos además
renovar el reconocimiento a la acción en favor de la paz
y el multilateralismo que desarrolla el señor Secretario
General, Kofi Annan, expresándole nuestra solidaridad ante
el criminal atentado en el que funcionarios de esta organización
perdieran la vida.
Desde el Sur del mundo, concurrimos a esta Asamblea
General con la firme convicción de que la revitalización
de éste ámbito de representación global es
fundamental para que el derecho internacional vuelva a ser el instrumento
racional que nos permita dirimir conflictos y enfrentar amenazas.
Retomar por parte de esta Asamblea, el rol político primordial
que ostentara en los albores de la organización de Naciones
Unidas, es una cuestión central para fortalecer el valor
seguridad de todos los ciudadanos del mundo.
Cierto es, que en la multilateralidad se basó
la creación de esta organización. Pero resulta insoslayable
señalar que la guerra fría y la bipolaridad que caracterizó
al mundo desde Yalta hasta la caída del muro de Berlín,
condicionó de manera innegable los instrumentos y la legislación
que en su marco se adoptaron.
Hoy, objetivamente -y más allá de la
valoración que a cada uno de los señores miembros
le merezca- estamos ante la existencia de una supremacía
tecnológica, militar y económica de un país
sobre el resto, que es lo que caracteriza la actual situación
mundial.
Creemos entonces necesario reafirmar una profunda
adhesión a los propósitos y principios que animan
a las Naciones Unidas tanto para contar con una organización
con activa participación en pro de la paz como en la promoción
del desarrollo social y económico de la humanidad.
Pero reafirmar la multilateralidad no puede agotarse
en un mero ejercicio discursivo, sino que requiere una doble estrategia:
por un lado, apertura intelectual que permita comprender en toda
su dimensión el nuevo escenario, que es objetivo. Por el
otro lado, reformulación de instrumentos y de normas que
permitan operar sobre esta nueva realidad del mismo modo que se
operó durante la bipolaridad para evitar que el mundo saltara
por los aires.
Multilateralidad y seguridad son elementos inseparables,
pero no únicos en esta nueva ecuación.
El mundo transita tiempos de cambio en el marco de
una globalización que crea oportunidades y riesgos sin precedentes.
El más grande riesgo es el ensanchamiento
de la brecha existente entre ricos y pobres. Países centrales
y países periféricos no son escalas de un ejercicio
intelectual. Tampoco una cuestión de ideologías. Muy
por el contrario, reflejan una realidad lacerante en términos
de pobreza y exclusión social sin precedentes. Nuestra prioridad
debe ser lograr que la globalización opere para todos y no
para unos pocos.
Es que proveer a mejorar el desarrollo de los países
periféricos no debe ser ya sólo una cuestión
de sensibilidad social por parte de los países centrales
sino que es, además, una cuestión que atañe
a su propia situación, a su propia seguridad.
Hambre, analfabetismo, exclusión, ignorancia,
son algunos de los presupuestos básicos donde se generan
las condiciones para la proliferación del terrorismo internacional
o de la aparición de violentos y masivos procesos de auténticas
migraciones nacionales, con su consecuente impacto cultural, social
y económico y su correlato inevitable: la afectación
del valor seguridad para los ciudadanos de los países centrales.
En la integración económica y en la
multilateralidad política está la clave de un porvenir
donde el mundo sea un lugar más seguro. Necesitamos construir
instituciones mundiales y asociaciones efectivas, en el marco de
un comercio justo y abierto, además de fortalecer el apoyo
para el desarrollo de los postergados.
Promover el progreso y la seguridad colectivos con
inteligencia, exige asumir que el valor seguridad no sólo
es un concepto militar sino que reconoce como previo un escenario
político, económico, social y cultural. Son estas
las tareas centrales que tienen que asumir los principales actores
de la agenda internacional.
En este marco, la relación de países
como él nuestro y otros con el mundo, está signada
por la existencia de una aplastante y gigantesca deuda, tanto con
organismos multilaterales de crédito como con acreedores
privados.
Nos hacemos cargo como país de haber adoptado
políticas ajenas para llegar a tal punto de endeudamiento.
Pero reclamamos que aquellos organismos internacionales que -al
imponer esas políticas- contribuyeron, alentaron y favorecieron
el crecimiento de esa deuda, también asuman su cuota de responsabilidad.
Resulta casi una obviedad señalar que cuando una deuda adquiere
tal magnitud, la responsabilidad no es sólo del deudor sino
también del acreedor.
Es necesario entonces que se asuma el hecho cierto,
verificable y, en cierta medida, de sentido común, de la
terrible dificultad que ofrece el pago de esa deuda. Sin una concreta
ayuda internacional que se encamine a permitir la reconstitución
de la solvencia económica de los países endeudados
y con ello su capacidad de pago. Sin medidas que promuevan su crecimiento
y desarrollo sustentable, favoreciendo concretamente su acceso a
los mercados y el crecimiento de sus exportaciones, el pago de la
deuda se torna una verdadera quimera.
En el desarrollo de exportaciones con valor agregado
a los recursos naturales que la mayoría de los países
endeudados poseen, puede solventarse los primeros tramos del desarrollo
sustentable, sin el cual sus acreedores deberán asumir sus
quebrantos sin otra opción realista. Nunca se supo de nadie
que pudiera cobrar deuda alguna a los que están muertos.
En pos de ese objetivo -tomar viable a un país
para que pueda afrontar lo que debe-, mucho ayudaría la intensificación
de las negociaciones de ámbito multilateral para la eliminación
de barreras arancelarias y para-arancelarias que dificultan el acceso
de nuestras exportaciones a los mercados de países desarrollados,
depositarios de la mayor capacidad de compra.
Es que en el comercio internacional de productos
alimentarios por ejemplo, principal rubro de exportación
de la República Argentina, continúan vigentes los
subsidios a la exportación y a la producción, las
cuotas arancelarias, las medidas fitosanitarias injustificadas,
el escalonamiento arancelario, que deterioran los términos
de intercambio de los productos primarios y obstruyen seriamente
el acceso a los mercados de los bienes con mayor valor agregado.
El fracaso de las negociaciones de la OMC en Cancún
viene a ser un llamado de atención en este tema y debiera
repararse en la ligazón que apuntamos entre nuevas oportunidades
de negocios en el comercio internacional, el crecimiento de los
países endeudados y la posibilidad del pago de sus deudas.
Resulta paradójico y casi ridículo que se pretenda
que paguemos nuestra deuda y al mismo tiempo se nos impida comerciar
y vender nuestros productos.
En otro orden, si bien es cierto que entre los objetivos
de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional
figuran el acortar la duración y aminorar el grado de desequilibrio
de las balanzas de pagos de los países miembros", así
como él "infundirles confianza con recursos para crear
la oportunidad de que se corrijan sin que deban recurrir a medidas
perniciosas para la prosperidad nacional o internacional",
también lo es que se necesita rediseñar organismos
como el citado.
Ese rediseño de los organismos multilaterales
de crédito debe incluir el cambio de sus paradigmas de modo
que el éxito o fracaso de las políticas económicas
se mida en términos de éxito o fracaso en la lucha
por su crecimiento, la equidad distributiva, la lucha contra la
pobreza y el mantenimiento de niveles adecuados de empleo.
Este nuevo milenio debe desterrar los modelos de
ajuste que basan la prosperidad de los unos en la pobreza de los
otros. El comienzo del siglo XXI debe significar un final de época
y el comienzo de una nueva colaboración entre acreedores
y deudores.
En síntesis, resulta imprescindible advertir
la íntima conexión existente entre seguridad, multilateralidad
y economía.
La defensa de los derechos humanos ocupa un lugar
central en la nueva agenda de la República Argentina y por
ello insistimos en apoyar de manera permanente el fortalecimiento
del sistema internacional de protección de los derechos humanos
y el juzgamiento y condena de quienes los violen. Todo ello con
la cosmovisión de que el respeto a la persona y su dignidad
deviene de principios previos a la formulación del derecho
positivo y reconocen sus orígenes desde el comienzo de la
historia de la humanidad.
Respeto a la diversidad y a la pluralidad y combate
sin tregua contra la impunidad constituyen principios irrenunciables
de nuestro país después de la tragedia de las últimas
décadas.
Somos fervientes partidarios de la solución
pacífica de las disputas internacionales, particularmente
en un tema tan caro a nuestros sentimientos e intereses como la
disputa de soberanía que mantenemos por las Islas Malvinas,
Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marinos circundantes.
Las Naciones Unidas han reconocido que es esta una
situación colonial por parte del Reino Unido y que debe ser
resuelta a través de negociaciones bilaterales entre la República
Argentina y éste.
Valoramos el papel que le compete al Comité
Especial de Descolonización de las Naciones Unidas y manifestamos
la más amplia vocación negociadora a efectos de poner
punto final a esta controversia de larga data, objetivo permanente
de la República Argentina. Exhortamos al Reino Unido a responder
de manera afirmativa a la reanudación de las negociaciones
bilaterales para resolver esta importante cuestión.
En ese mismo marco austral nos comprometemos a proteger
los intereses de la comunidad internacional en la Antartida asegurando
que las actividades allí desarrolladas sean compatibles con
el Tratado Antártico y con el protocolo de Madrid sobre preservación
del medio ambiente.
Impulsaremos acciones en los foros correspondientes
para lograr la instalación de sus autoridades y el funcionamiento
de la Secretaría del Tratado Antártico en su sede
fijada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Expresamos nuestro respaldo y nuestra aspiración
al logro de una paz estable y duradera en Medio Oriente, fundada
en el inalienable derecho a la libre determinación del pueblo
palestino y a un Estado independiente y viable, al mismo tiempo
que reconocemos el derecho de Israel a vivir en paz con sus vecinos
dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas.
Hablábamos de progreso y seguridad colectiva
como los desafíos globales de la hora. Vimos la íntima
relación que existe hoy entre los problemas de la economía
y la seguridad. Repudiamos aquí, con firmeza, las acciones
de terrorismo.
Sabemos qué estamos diciendo. Nosotros hemos
sufrido en carne propia en los años 1992 y 1994 nuestras
propias Torres Gemelas. Los atentados contra la embajada de Israel
y la AMIA, significaron la pérdida de más de cien
compatriotas. Podemos dar testimonio de la necesidad de luchar con
efectividad contra la existencia de las nuevas amenazas que constituyen
el terrorismo internacional.
La vulnerabilidad frente a este flagelo, de todos
los países que integran la comunidad internacional sólo
podrá disminuir con una inteligente acción concertada
y multilateral sostenida en el tiempo. La lucha contra el terrorismo
exige una nueva racionalidad. Estamos ante un enemigo cuya lógica
es provocar reacciones simétricas a sus acciones. Tanto peor,
tanto mejor, es su escenario más deseado y forma parte de
esa lógica la creciente espectacularidad, casi cinematográfica,
de sus operaciones. Legitimidad en la respuesta y respaldo de la
opinión pública internacional son dos presupuestos
básicos para enfrentar esos nuevos fenómenos violentos.
Esta comprensión ubica al problema del terrorismo
internacional en una dimensión que excede la de la visión
o la solución militar unilateral. Por el contrario, la sola
respuesta de la fuerza, por más contundente que esta sea
o parezca, termina en muchos de los casos presentando a los victimarios
como víctimas. Se cierra de esta manera, en un círculo
perfecto, la lógica perversa a la que aludimos.
Como vemos, ante la complejidad de la situación,
ya no sirve refugiarse en antiguos alineamientos, anacrónicas
maneras de pensar o viejas estructuras. Los nuevos desafíos
demandan distintas y creativas soluciones para no quedar atrás
del cambio del mundo, en lo tecnológico, en lo económico,
en lo social y a no dudarlo, hasta en lo cultural.
Asumimos el desafío de pensar nuevo para un
mundo nuevo. Combinar distintas ideas y crear medios prácticos
para ponerlas al servicio de los pueblos que representamos es nuestro
deber.
Muchas Gracias.
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