ECUADOR
INTERVENCION DEL
SENOR PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
DOCTOR GUSTAVO NOBOA BEJARANO
ANTE LA ASAMBLEA DE LAS NACIONES
UNIDAS
20 DE SEPTIEMBRE DE 2002
Señor Presidente,
Señores Delegados,
Los Jefes del Estado que me han precedido en el uso de esta tribuna han sido
muy elocuentes en su abierta condena al terrorismo, en su diagnóstico para la
erradicación de la pobreza extrema, en la búsqueda de un nuevo orden
internacional que garantice paz y seguridad al planeta y en el cuestionamiento a
un proceso de. globalización que, mal entendido, terminará por convertir en
insuperable la brecha entre ricos y pobres.
Qué podemos aportar en este debate a lo ya expresado?: la necesidad urgente
de acabar con la retórica estéril y comenzar a inyectar nuevos y mayores
recursos financieros para el desarrollo.
De nosotros, los países pobres, se exige austeridad, disciplina fiscal,
respeto a las reglas del libre mercado y comercio y colaboración en la lucha
contra los flagelos que afectan a la humanidad, como hoy es el del
terrorismo.
A cambio, recibimos portazos en nuestras narices cuando nuestros productos
pretenden ingresar a los grandes mercados, se nos coarta el derecho a reclamar
la presencia ante nuestros tribunales de justicia de connacionales que
traicionaron la fe pública y hoy son cobijados con sospechosa
complicidad.
Se nos exige mayor participación en la lucha antiterrorista y en la
interdicción del narcotráfico y sin embargo no se entregan los recursos
comprometidos para ejecutar nuestros planes de acción.
Cuando aspiramos a negociar con seriedad y creatividad con los organismos
internacionales de crédito, se nos sugieren e imponen condiciones que, de ser
aceptadas, debilitarían peligrosamente nuestras jóvenes y en ocasiones frágiles
democracias.
Se nos exige ser competitivos y cuando entregamos a los mercados el fruto de nuestro trabajo, se levantan millonarias barreras de subsidios, que hacen imposible cualquier aspiración por competir.
Es que no se comprende aún que nuestros pueblos, en su pobreza, son
profundamente perceptivos y hasta hoy no alcanzan a entender los beneficios de
un proceso de globalización que amenaza con no tocar jamás a sus
puertas.
Los presidentes de nuestros países, en vías de desarrollo, somos severamente
criticados cuando al regreso de cumbres y foros, los resultados son magros y la
voluntad de ayuda de los que más tienen queda plasmada en la seca hoja de una
declaración consensuada.
Quiero ser muy claro y sencillo en mis pensamientos frente a este foro:
Señores delegados, es necesario que rompamos paradigmas y lo hagamos
ahora.
No debemos persistir en simplificar, con un vocabulario economicista, todos
los beneficios de una globalización que aún no es por todos comprendida y
asimilada en cada uno de sus ámbitos.
Hablamos de flujos libres de capitales y éstossolo toman forma de
transferencia de inversiones en el hemisferio norte.
A los países del sur
nos ha correspondido permanentemente recibir estos mismos capitales en forma de
créditos, generalmente onerosos y cuya pesada carga ha sido imposible de aliviar
en el tiempo.
Es que cuando el Norte mira hacia el Sur lo hace con ojos de paternalismo
tutelar. La tan pregonada igualdad en los tér inos de intercambio solo está
presente en declaraciones, manuales y libros de texto de los
desarrollados.
Qué necesitamos, pregunto, para que un grupo de naciones, tan grande como las
aquí representadas, encuentren vías expeditas hacia la igualdad y el
desarrollo?
Un solo discurso! i una acción decidida! í un mismo grupo de principios...
una nueva ética global!
Una nueva ética que repudie al terrorismo, pero con la misma fortaleza y
decisión, impulse con hechos nuestros creativos esfuerzos por erradicar la
pobreza; pobreza que atenta contra los más elementales principios de la dignidad
humana.
Cuando falta el alimento, cuando no hay salud y educación, y cuando el propio
instinto de supervivencia es limitado, poco o nada podremos hacer para perseguir
valores e ideales caros a cualquier sociedad desarrollada.
Mi país condena al terrorismo. Mi gobierno apoya todo esfuerzo para
erradicarlo, pero el Ecuador exige también la creación de una nueva coalición y
un nuevo orden para luchar contra la pobreza.
Este es un nuevo siglo: el de la solidaridad y la esperanza.
Este es un nuevo siglo: el del respeto de todas las naciones a los principios
e instancias que rigen al derecho internacional.
Este es un nuevo siglo: en el que se condena y persigue a toda actividad que
atente contra la santidad de la vida humana.
Pero este debe ser también un siglo de cambio de actitudes y de
propuestas.
Un tiempo en el cual no se hable de la eterna deuda de los más pobres para
con los desarrollados, sino de las grandes oportunidades que éstos tienen para
alcanzar un mundo más justo, apuntalando el desarrollo de los más
pobres.
Me preocupa como ciudadano global que, en ocasiones, el
compromiso por garantizarla existencia misma del planeta, no sea equitativamente
compartido. Se exige todo de quienes tenemos megadiversidad y recursos
renovables y a cambio se nos niegan las herramientas financieras para buscar
recursos alternativos de desarrollo que no pasen por destruir nuestros recursos
naturales. Como si este compromiso debiera recaer sólo sobre nuestros
hombros.
Debemos luchar por crear y mejorar la calidad de la vida sobre la tierra.
Pero el objeto de esa lucha debe ser cada hombre que puebla el planeta y no sólo
aquél cuya fortuna hizo que naciera en el norte.
Ecuador quiere ser un referente ético de cara al futuro.
Quiere llegar a cada foro y hacer escuchar la voz de la razón.
Quiere crear en libertad, una sociedad más justa y solidaria.
Quiere desde el mismo centro de dos hemisferios ser puente de unión entre el
norte y el sur que deberían marchar unidos hacia el desarrollo y no estar
separados sólo por un convencionalismo geográfico.
Gracias señor Presidente y señores Delegados por esta magnífica oportunidad
de dirigirme al mundo.
Gracias por continuar haciendo de la organización de las Naciones Unidas el
más alto foro de discusión internacional.
Mi país y su Gobierno reconocen en este organismo la más alta instancia para el debate y la solución de los problemas que permanentemente afectan a la humanidad.
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