DISCURSO DEL EXCMO. SR. HUGO CHÁVEZ FRÍAS, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA


El Presidente Chávez: El pueblo heroico de Venezuela y su Gobierno revolucionario saludan a todos los pueblos y a todos los gobiernos del mundo que se encuentran representados en esta Asamblea General de las Naciones Unidas.
Debo comenzar señalando la intensa actividad que Venezuela ha desarrollado este año, 2002, en la agenda de las Naciones Unidas. Por eso hicimos el esfuerzo para venir acá, a esta, tan oportuna, Asamblea General.

Venezuela comenzó el año recibiendo en enero la Presidencia del Grupo de los 77 y China, y estuvimos allí coordinando y gestionando, en este grupo tan importante de países del mundo, sobre todo países del tercer mundo. Coordinamos los preparativos, los documentos, los acuerdos, los diálogos rumbo a la Cumbre de Monterrey, en primer lugar, donde estuvimos presentes, llevando la voz de los países del Sur, sobre todo, de los países del Grupo de los 77 y China. Luego, Venezuela continuó el impulso coordinando nuestro grupo, nuestros espacios rumbo a la importante Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible Cumbre de Johannesburgo, realizada, como todos sabemos, hace apenas unos días. Todavía tenemos frescos los debates de Johannesburgo.

Al mismo tiempo, la República Bolivariana de Venezuela ha ejercido este año la Presidencia del Grupo de los 15, otro importante grupo de países en desarrollo que lucha por mejores espacios en lo político, en lo económico, en lo social.

Venezuela, en fin, este año 2002, ha tenido una agenda muy intensa en las Naciones Unidas y queremos terminar el año, en estos meses que faltan, con mayor intensidad aún, haciendo propuestas, coordinando acciones y buscando decisiones para tratar de cumplir y de aportar nuestro modesto esfuerzo en la búsqueda de soluciones, de las metas y los objetivos establecidos en este mismo escenario en aquella histórica Cumbre del Milenio del año 2000.

Venimos así, una vez más, a este recinto para hacer oír la voz de millones de hombres, de millones de mujeres, de millones de niños que batallan a diario por su vida y por su dignidad abriendo camino a la justicia en aquella patria de Simón Bolívar.

Diría, Sr. Presidente, para comenzar, que se desarrolla esta Asamblea General en medio del dolor y en medio del luto que aqueja al pueblo de los Estados Unidos, al pueblo y a la ciudad de Nueva York, y a todos los pueblos del planeta, en el primer aniversario de los abominables hechos del 11 de septiembre. La República Bolivariana de Venezuela, desde el alma de su heroico pueblo y desde el corazón de su Gobierno revolucionario y democrático eleva sus oraciones a Dios, Nuestro Señor, por el descanso eterno de las víctimas de aquellos horribles sucesos, y renueva, al mismo tiempo, su sentimiento de solidaridad y de pesar a sus familiares, y ratifica su condena contra quienes planificaron y realizaron aquellos hechos terroristas. Asimismo, ofrecemos nuestros esfuerzos a la lucha contra el flagelo del terrorismo en el mundo en sus más diversas facetas y modalidades, pero, al mismo tiempo, Sr. Presidente, insistimos, desde Venezuela, en la necesidad de reconocer la complejidad que encierra la preocupante situación que se vive hoy en el mundo. La condena frontal al terrorismo tiene que ir acompañada, necesariamente y por una razón ética, por una razón moral, por una condena, igual de contundente, de las causas y los procesos que han convertido al mundo en una suma infinita de excluidos que han erigido en el mundo el reino de la injusticia, de la desigualdad y de la pobreza. Escrito está, en el Libro de los Siglos que recoge la palabra de Dios: el único camino a la paz es la justicia.

La condena firme al terrorismo tiene que ir también acompañada de una infinita voluntad política de los líderes del mundo para reconocer, por ejemplo, que el sistema económico internacional imperante hoy actúa como un combustible para los incendios pues, basado en la doctrina perversa del neoliberalismo salvaje, genera cada día más miseria, genera cada día más desigualdad y genera cada día más desesperanza en los pueblos pobres del planeta. Cada minuto, por ejemplo, mueren 17 personas de hambre en el mundo. Y si cumpliéramos con todos los compromisos asumidos para luchar contra la pobreza, tardaríamos 130 años para erradicarla del planeta, según cifras extraídas del último informe, muy reciente, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La condena al terrorismo debe ir acompañada de un proceso de toma de decisiones que permitan acelerar la marcha en la batalla, en la guerra -en la guerra, sí, en la guerra-, pero contra la pobreza. Es por ello que Venezuela ha venido proponiendo, primero en Monterrey, luego, recientemente, en Johannesburgo, la necesidad de crear un fondo humanitario internacional, fondo humanitario que se podría alimentar de recursos provenientes, por ejemplo, de un porcentaje del gasto militar del planeta; fondo humanitario internacional que se podría alimentar, por ejemplo, de un porcentaje de los ingentes recursos, de un porcentaje de los miles de millones de dólares que los países pobres, que los países en desarrollo, transferimos anualmente al mundo desarrollado a través del mecanismo -también perverso- de la deuda eterna, más que externa.

América Latina, por ejemplo, -hay que recordarlo desde América Latina y estoy seguro de que los países de África y de Asia pudieran contar casi lo mismo-, en veinte años, los últimos del siglo XX, ha cancelado más de dos veces su deuda externa y resulta que hoy debemos más que cuando comenzó el proceso perverso. Me parece justo que, ante la situación que vive el mundo, ante el camino tenebroso por el que vamos, ese tema sea debatido y -¿por qué no pensarlo?- un porcentaje de esa deuda eterna transferirla a un fondo humanitario internacional; fondo humanitario internacional que pudiera también alimentarse por los dineros incautados al narcotráfico, que tanto daño le hace al mundo, por los dineros incautados a los corruptos, que se han llevado miles de millones de dólares de los países pobres. Aquí, Venezuela tiene una lista, por ejemplo, para suministrarla a los cuerpos policiales del mundo para ir por ellos y para rescatar miles de millones de dólares y transferirlos a un fondo humanitario internacional, el cual también pudiera alimentarse por recursos provenientes de un impuesto que, en justicia, se pudiera gravar a las grandes transacciones de capitales especulativos. Y, en fin, de algunas otras fuentes pudiéramos, pero eso requiere, por supuesto, una decisión de alto nivel político mundial. Hoy, ante el drama mundial, insistimos desde Venezuela en ello, y pedimos a las Naciones Unidas un debate sobre este tema.

En Johannesburgo, por ejemplo, recuerdo que hicimos un interesantísimo debate en una mesa redonda, en varias mesas redondas, allá donde estuvo Venezuela, discutíamos este tema y nos dio mucha alegría presenciar el logro de un consenso entre los jefes de Estado y de Gobierno allí presentes. Y el apoyo a esta idea -voy a recordar, por ejemplo, el apoyo que le dio a esta idea el Presidente de la hermana República Federativa del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, cuando reflexionaba en las mesas redondas de Johannesburgo, acerca de la necesidad de crear instrumentos como estos dado que los mecanismos financieros internacionales que hoy existen no están capacitados ni son para nada suficientes en la lucha contra la pobreza, flagelo que azota a la humanidad. Habló Cardoso recordando, por ejemplo, el plan Marshall que se aplicó para rescatar sobre todo a la Europa de la posguerra. Creo que hoy harían falta en el mundo cientos de planes Marshall para rescatar a los pueblos del tercer mundo de la muerte y de los infiernos.

Pero así como condenamos el terrorismo mundial y sus causas, también he venido a esta Asamblea General en nombre del heroico pueblo de Simón Bolívar a denunciar en voz alta otros tipos de terrorismo y otros tipos de causas. En Venezuela fue desatado un proceso de terrorismo sistemático planificado, que hizo irrupción violenta, abierta y sangrienta, un día 11 también, pero no de septiembre, sino de abril de este año, 2002, hace cinco meses. Día aquel, en el que un golpe de estado fascista derrocó al Gobierno legítimo que me honro en presidir, para luego instalar una brevísima dictadura que llenó de terror las calles, las ciudades y los pueblos de nuestra querida Venezuela. ¿Cuáles fueron las causas de aquél cruento y terrorista golpe de estado que causó decenas de víctimas, de muertos, y centenares de heridos, todavía hoy recuperándose de sus gravísimas heridas? Pues, sencillamente un Gobierno democrático, un Gobierno legítimo, elegido por un pueblo, pero un Gobierno que ha asumido un compromiso de democracia revolucionaria y de transformación política, económica y social; un Gobierno que ha asumido con mucha firmeza y con mucha seriedad los postulados de las Naciones Unidas; un Gobierno que ha asumido la tarea de desarrollar acciones sociales transformadoras para llevarle justicia a nuestro pueblo e igualdad a nuestro pueblo; un Gobierno que ha duplicado el presupuesto a la educación en menos de tres años; un Gobierno que ha duplicado el presupuesto a la salud; un Gobierno que ha logrado reducir en 10% la desnutrición infantil; un Gobierno que ha incrementado en 10% el acceso del pueblo al agua potable; un Gobierno que ha disminuido la mortalidad infantil de 21 por 1.000 a 17 por 1.000; un Gobierno que ha incrementado en más del 30% el acceso de los niños y los jóvenes a la educación pública, gratuita y obligatoria; un Gobierno que ha detenido el proceso perverso privatizador, neoliberal y salvaje de la educación, de la salud y de la vida; un Gobierno que ha comenzado a disminuir la pobreza y la marginalidad en un país lleno de riquezas pero que fue gobernado por unas élites insensatas e insensibles, un Gobierno como ese fue derrocado por una alianza fascista de sectores privilegiados, de sectores golpistas que utilizaron el terrorismo mediático. Ese es un tema que creo necesario discutir hoy en el mundo, pocos se atreven; yo invito a que nos atrevamos a discutir el tema de lo que es la utilización de los medios de comunicación social en el mundo. El caso venezolano es un caso especial para ser estudiado. Unos medios de comunicación, valiéndose de la libertad de expresión, valiéndose de la libertad de prensa, apoyaron el golpe, manipularon a una sociedad y luego, lo más horroroso, cuando el pueblo reaccionó contra la dictadura, silenciaron la reacción popular y dejaron de transmitir imagen alguna de lo que estaba ocurriendo en Venezuela. Caso especial para ser estudiado acerca de la ética de los medios de comunicación.

Hace poco, decía un gran escritor e intelectual latinoamericano y del mundo, el uruguayo Eduardo Galeano, el autor aquel de "Las venas abiertas de América Latina", hablando del tema de los medios de comunicación en el mundo, decía Galeano una gran verdad, que nunca tan pocos engañaron tanto a tantos, tema que creo, hay que debatir con coraje y con valentía, comenzando el siglo XXI.

Unas elites golpistas que utilizaron el terrorismo económico y pretenden seguirlo utilizando. Unas elites privilegiadas que utilizaron el terrorismo policial y el terrorismo militar y lograron una alianza muy poderosa, que logró derrocar al Gobierno, que logró hacerme prisionero e incomunicarme durante casi 48 horas en una isla del Caribe. Un golpe fascista que eliminó la Asamblea Nacional; que eliminó en un decreto los poderes públicos; eliminó el Poder Judicial; que detuvo y envió a prisión a diputados, gobernadores y alcaldes elegidos por el pueblo.

Sin embargo, a pesar de todo eso, ¡Oh Dios de los oprimidos! a las pocas horas comenzó a ocurrir en Venezuela algo que jamás había ocurrido en la historia de los siglos, en pueblo o en país alguno. Comenzaron a salir a las calles, absolutamente desarmados, sólo con el arma de su coraje, sólo con el arma de su valor, con la Constitución bolivariana en alto, millones de hombres, millones de mujeres, millones de jóvenes, exigiendo respeto a su dignidad. Y ¡Oh milagro de Dios! en menos de 48 horas, aquel heroico pueblo de Simón Bolívar, junto a sus soldados patriotas, barrieron la tiranía, restituyeron la Constitución, rescataron al Presidente prisionero y secuestrado y reinstalaron el proyecto democrático venezolano.

Milagro de los pueblos, sólo los pueblos logran eso. Sólo los pueblos unidos, sólo los pueblos conscientes logran derrocar, barrer con estos intentos fascistas y terroristas. Por primera vez se vio esto en pueblo alguno en mucho tiempo. Es un pueblo que ha recuperado su esencia libertadora y su esencia libertaria. Es el pueblo que detrás de Simón Bolívar, hace apenas doscientos años condujo, unido con los pueblos de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, la independencia de medio continente americano. Es el pueblo venezolano, a quien, desde aquí, ratifico para siempre mi amor eterno, profundo amor por su coraje, por su dignidad.

Y, desde aquí, desde esta tarima, a nombre de ese pueblo, expreso el agradecimiento profundo y sincero a tantos gestos de solidaridad que desde aquí salieron, desde Naciones Unidas, desde la Organización de los Estados Americanos (OEA), desde gobiernos y, sobre todo, desde muchos pueblos de América, de Asia, de Europa, de Africa y de Oceanía. Porque en Venezuela está en marcha un proyecto sui generis comenzando el siglo. Aquí está un proyecto antineoliberal, aquí está un proyecto revolucionario, pacífico y democrático, elaborado en constituyente por el propio pueblo y hoy defendido por él mismo e impulsado por él mismo.

Luego de esos acontecimientos, para ir concluyendo, ya veo que la luz roja se ha prendido, los venezolanos sabemos, los venezolanos conocemos -lo que pasa es que hay mucha gente que no ha llegado- conocemos y hemos sentido en carne propia lo que es el terrorismo.

Hace pocos días apareció un vídeo, una prueba más de lo que en Venezuela se planificó. Un vídeo donde un periodista internacional hace algunas revelaciones, y ese periodista internacional dice que a él lo llamaron el día del golpe, en la mañana, y que mucho antes de que cayera el primer muerto producto de los disparos de un grupo de francotiradores, algunos incluso extranjeros, que masacraron parte de nuestro pueblo; antes de que cayera el primer muerto ya los golpistas estaban grabando un mensaje donde decían que el Presidente Chávez había mandado a matar al pueblo y que ya iban seis muertos. Mucho antes de que se iniciaran los disparos y la masacre a un pueblo indefenso, a una sociedad indefensa.

Pero, en fin, afortunadamente, esa reacción cívico militar fue enérgica, rápida, porque el catálogo de horrores que se estaba preparando contra el pueblo venezolano y que iban a desarrollarse a escala masiva significaba de hecho que una sistemática praxis terrorista iba a ser aplicada contra todo lo que oliera a pueblo, a revolución bolivariana. Esta Constitución la derogaron por un decreto, bueno, pensaron derogarla. En menos de cuarenta y ocho horas estaba vigente ya por la rebelión popular militar, pacífica y democrática que barrió con la tiranía.

Ahora, agradecemos pues la inequívoca condena de la comunidad internacional a aquel golpe de Estado, a aquel horror que vivimos durante unos días en Venezuela. Ratificamos que nuestro Gobierno, al que los venezolanos han ratificado su confianza en sucesivos procesos electorales, no volvió cortando cabezas ni estableciendo cacerías de brujas, ni haciendo juicios sumarios. Volvió, como canta el pueblo por las calles, volvió, volvió, volvió -es una canción que anda por las calles de Venezuela- apegado estrictamente a nuestra vocación y acción bolivariana, humanista y libertaria. Apegado estrictamente a nuestra Constitución nacional. Con la Constitución en la mano, volvió de la marea popular que lo restableció en su sitio, junto a la Constitución, y le dio una soberana lección democrática al terrorismo, a los terroristas, al golpismo y a los golpistas. Por primera vez en nuestra historia en Venezuela, el ganador de un conflicto político -y téngase en cuenta que se depuso a una dictadura- no ejerce el derecho de arrasar con los vencidos, sino de respetar a los vencidos, de respetar sus derechos, todos sus derechos humanos. Hoy este Gobierno, pues, ha convocado a un gran diálogo nacional, a un gran debate nacional para el cual, incluso, hemos pedido el apoyo de Naciones Unidas a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para el cual hemos pedido el apoyo de Representantes de la Organización de Estados Americanos y, además, hemos pedido el apoyo del Centro Carter, que dirige el ex Presidente Jimmy Carter.

Agradecemos ese apoyo y ratificamos que Venezuela seguirá, orientada por Dios, y de la mano de su pueblo, con la Constitución Bolivariana en alto, contribuyendo con el mundo en búsqueda de caminos alternativos a los modelos económicos que han desatado sobre el mundo el hambre y la miseria.

Continuaremos contribuyendo modestamente con el esfuerzo de millones, esfuerzo supremo para transformar al mundo y hacerlo viable. Para lograr en el más corto plazo posible en este siglo XXI la justicia. Justicia, que, como dice la palabra de Dios desde hace miles de años, es definitivamente, Sr. Presidente, definitivamente, amigas y amigos, el único camino a la paz verdadera.

Muchísimas gracias.