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BOLETIN ONU MARZO 8, 1999
Núm. 99/12

Día internacional de la mujer (8 de marzo),

MENSAJE DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ONU, KOFI ANNAN

Hoy celebramos el último Día Internacional de la Mujer en el siglo XX. Constituye una ocasión para evaluar los progresos alcanzados en la búsqueda de la equidad de derechos y de participación plena de las mujeres en el proceso de desarrollo. Nos confronta también con la obligación de enfrentar el camino que aún debemos recorrer.

Podemos mirar con cierto orgullo los importantes logros que hasta ahora se han logrado. Cuando comenzamos este siglo la mujer tenía el derecho a votar en sólo un puñado de países; al terminar este siglo la gran mayoría de los países cuentan con el sufragio universal. Cuando empezamos este siglo la mujer estaba prácticamente excluida de la toma de decisiones, ahora es incuestionable la participación de la mujer en los más altos niveles de liderazgo, tanto a nivel nacional como internacional.

Muchos países, han incluido en sus Constituciones o en sus reformas legislativas, garantías para el goce de los derechos humanos sin discriminación basada en el sexo. Las normas jurídicas y textos legislativos discriminatorios se han rechazado y se han adoptado medidas para promover los derechos de la mujer y garantizar el acceso a ellos. La comunidad mundial ha identificado las diversas formas de violencia contra la mujer como violación a sus derechos. Se han realizado acciones enérgicas, internacional y regionalmente, así como al interior de los países, para enfrentar a lo que siempre se debía haber considerado excesiva.

Sin embargo, todavía hay mucho por hacer. Al encontrarnos en el umbral del nuevo milenio, nos vemos confrontados por nuevos y viejos desafíos. En primera instancia está el impacto que puedan ocasionar sobre las mujeres la globalización, la liberalización, la reestructuración económica y la privatización. La pobreza que afecta a las mujeres -especialmente a quienes son jefes de hogar y a las mujeres de edad al parecer se está agudizando. Cada vez hay más mujeres entre los desempleados y los subempleados. Si cuentan con un empleo, las mujeres son más vulnerables que los hombres a recibir salarios más bajos, a ser empleadas como jornaleras o por horas o temporalmente y a obtener empleos inseguros.

Muchas mujeres continúan muriendo por falta de servicios de salud. Enfermedades que pueden prevenirse y la inequidad en el acceso a los servicios de salud siguen afectando a mujeres y a niñas, especialmente en el sector rural. Para nuestra vergüenza, la mortalidad materna e infantil sigue ocupando un alto lugar en muchos países, como resultado de inadecuados cuidados materno y prenatal, y de las limitaciones en los programas de planificación familiar. Continúa incrementándose el virus de inmunodeficiencia adquirida en mujeres, y muchos países carecen aún de programas preventivos y de tratamiento del VIH/SIDA dirigidos a mujeres y a niñas.

El año próximo se cumplirán cinco años de la adopción de la Declaración y el Programa de Acción de Pekín -el primer plan mundial verdaderamente amplio sobre las áreas de preocupación críticas relacionadas con los avances de la mujer. Sea esta la oportunidad de renovar nuestro compromiso para su plena aplicación. El ideal de alcanzar la equidad de género que ha sido una aspiración desde hace mucho tiempo, está aún lejos de ser una realidad. Como una prioridad en nuestra agenda debe estar la complementación de la estructura jurídica internacional para su protección. Me permito exhortar a los Gobiernos que aún no lo hayan hecho a ratificar la Convención de las Naciones Unidas sobre Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Este año, en diciembre, conmemoraremos el vigésimo aniversario de la adopción de la Convención, que consigna una serie de acciones necesarias para eliminar la discriminación contra las mujeres en todas las esferas de la vida, incluyendo el ámbito familiar. El proceso de complementación del marco jurídico sobre equidad debe acompañarse de un ambiente propicio que garantice la equidad de facto para la mujer.

En este último Día Internacional de la Mujer antes del nuevo milenio, renovemos con decisión nuestro compromiso para eliminar la discriminación y desventajas que afectan todavía a la mujer, en el mundo laboral, en el acceso a los servicios de salud, en los planes y programas sociales, en los procesos de consolidación de paz, y probablemente donde es más importante, en el hogar. Comencemos el nuevo milenio con la perspectiva de la equidad de género para que ninguna mujer en el mundo sea ignorada.


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