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FEBRERO 2, 1999
Núm. 99/02

UN LLAMADO A LOS NEGOCIOS MUNDIALES

Por Kofi A. Annan

En los dos años que han transcurrido desde que me convertí en Secretario General de las Naciones Unidas, nuestra relación con el sector privado ha tenido grandes avances. Hemos demostrado a través de empresas cooperativas - tanto al nivel de planeación como en el campo - que las metas de las Naciones Unidas y aquellas de la comunidad mundial de negocios pueden apoyarse mutuamente.

Ahora, quiero retar a los líderes de esa comunidad a dar un paso más allá. Les pido que se unan conmigo en un pacto mundial de valores y principios compartidos, que puedan darle un rostro humano al mercado mundial.

La globalización es un hecho de la vida. Pero temo que hemos subestimado su fragilidad. El esparcimiento de los mercados ha superado la habilidad de las sociedades y de sus sistemas políticos para ajustarse a ellos y mucho menos guiar el curso que ellos toman. La historia nos enseña que tal desequilibrio entre sectores económicos, sociales y políticos no puede sostenerse por mucho tiempo.

Los países industrializados aprendieron esa lección en su amargo y costoso encuentro con la Gran Depresión. Para restaurar la armonía social y la estabilidad política, adoptaron redes de seguridad social y otras medidas, designadas a limitar la volatilidad económica y compensar a las víctimas de las fallas del mercado. El consenso hizo posible los movimientos subsecuentes hacia la liberalización, que trajo a cambio la larga expansión de al posguerra.

Lo que necesitamos hoy es un pacto similar a una escala mundial, para controlar a la nueva economía global. Si tenemos éxito en esto, podremos entrar en una era de prosperidad mundial comparable la que disfrutaron los países industrializados en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Teniendo esto en mente, le pido a los líderes corporativos que adopten, apoyen y pongan en práctica una serie de valores sólidos en las áreas de derechos humanos, condiciones laborales y prácticas medioambientales.

¿Por qué esas tres? Primero, porque son áreas en las cuales el sector privado puede hacer una diferencia real.

Segundo, son áreas en las cuales los valores universales ya han sido bien definidos por acuerdos internacionales, incluyendo la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo y la Declaración de Río de la Conferencia de 1992 sobre Medio Ambiente y Desarrollo.

Tercero, hay una enorme presión de los grupos interesados en alcanzar estándares adecuados en estas tres áreas para cargar con restricciones al régimen de comercio y a los acuerdos de inversión.

Sus preocupaciones son legítimas pero las restricciones al comercio y los impedimentos a los flujos de inversión no son los mejores mecanismos. En cambio, deberíamos encontrar la manera de alcanzar por otros medios los estándares que hemos proclamado. Temo que si fallamos la economía mundial abierta - y especialmente los regímenes multilaterales de comercio, uno de los grandes logros de los últimos cincuenta años - puede estar amenazada.

¿Cómo podemos promover estos estándares? De dos maneras esencialmente.

Una es en la arena de las políticas públicas.

Los negocios pueden incentivar a los estados a dar a las instituciones multilaterales los recursos y la autoridad que necesitan para hacer su trabajo.

Las Naciones Unidas como un todo promueve la paz y el desarrollo, que son prerequisitos para alcanzar con éxito las metas sociales y ambientales por igual. La Organización Internacional del Trabajo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente luchan para mejorar las condiciones laborales, los derechos humanos y la calidad del medio ambiente. En el futuro, esperamos contar con las empresas como aliadas en estos proyectos.

La segunda manera en que pueden promover los valores mundiales es tomando acción en su propia esfera.

Muchos de ellos son grandes inversionistas, empleadores y productores en docenas de países alrededor del mundo. Ese poder trae consigo grandes oportunidades y grandes responsabilidades.

Pueden defender los derechos humanos, el trabajo digno y las normas ecológicas directamente, mediante la conducta con la que manejan sus propios negocios.

Ciertamente pueden usar estos valores universales, que personas en todo el mundo reconocerán como propios, como el lazo de unión entre las corporaciones mundiales

Pueden comenzar asegurándose que en sus propias prácticas corporativas defiendan y respeten los derechos humanos y no siendo, ellos mismos, cómplices de abusos a los derechos humanos.

Las firmas no necesitan esperar hasta que todos los países hayan introducido leyes para la protección de la libertad de asociación y al derecho de petición colectiva para asegurarse de que sus propios empleados, y los de sus concesionarios, disfruten esos derechos.

Lo menos que pueden hacer es asegurarse que ellos mismos no estén empleando a niños menores de edad o a trabajadores forzados, ya sea directa o indirectamente, y que en sus políticas de contratación y despido, no discriminen basados en la raza, credo, género u origen étnico.

También pueden apoyar un acercamiento preventivo a los retos del medio ambiente y emprender iniciativas para promover una mayor responsabilidad ambiental.

También pueden incentivar el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas del medio ambiente.

Todas las agencias relevantes de la ONU el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, la OIT y el Programa de la ONU para el Medio Ambiente están listas para ayudarlos, si necesitan asistencia, para incorporar estos valores y principios acordados dentro de las misiones y prácticas corporativas de sus empresas. Y estamos listos para facilitar el diálogo entre ellos y otros grupos sociales, para ayudar a encontrar soluciones viables a las preocupaciones legítimas que estos grupos han exteriorizado.

Al hacer esto, las firmas pueden encontrar útil el interactuar con nosotros por medio de nuestro sitio de reciente creación en la Internet, www.un.org/partners - un lugar donde "encontrará todo" para las corporaciones interesadas en la ONU.

Tal vez de mayor importancia, es lo que podemos hacer en la arena política, para ayudar a defender y a mantener un ambiente que favorezca el comercio y los mercados abiertos.

Lo que propongo es un pacto genuino, ya que ninguna de las partes puede triunfar sin la otra.

Sin el compromiso y el apoyo activos del sector privado, existe el peligro de que los valores universales permanezcan siendo poco más que palabras bellas documentos que podemos celebrar en sus aniversarios y hacer discursos de ellos, pero con un impacto limitado en las vidas de las personas comunes.

Y a menos que se vea que esos valores están arraigándose realmente, me temo que encontraremos cada vez más difícil defender con fuerza la apertura de los mercados mundiales.

Recordemos que los mercados mundiales y el sistema de comercio multilateral que tenemos ahora no se lograron por accidente. Son el resultado de las iluminadas decisiones políticas que han tomado los gobiernos desde 1945.

Si queremos mantenerlas en el nuevo siglo, todos nosotros los gobiernos, las corporaciones, los grupos de presión, las organizaciones internacionales tenemos que tomar las decisiones correctas ahora.

El autor del texto anterior es el Secretario General de las Naciones Unidas. El artículo está basado en el discurso que pronunció ante el Foro Económico Mundial en Davos, el 31 de enero.


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