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Para lograr una buena oratoria es necesario
crear una buena predisposición del público hacia
el mensaje que el orador quiere dar, además el oyente
debe percibir y convencerse del mensaje transmitido. Para
lograrlo, deben tenerse en cuenta desde la postura y la forma
de hablar, hasta la estructura del discurso mismo.
En
el caso de las asambleas de Naciones Unidas hay ciertas pautas
establecidas acerca del procedimiento parlamentario y del
tiempo asignado a cada orador. En todo momento, deberán
guardarse las formas que condicionan el discurso definidas
en el reglamento .
La
actitud corporal
Es
importante demostrar seguridad desde el primer momento por
lo tanto mantener la cabeza alta y la postura erguida. Esta
actitud da una imagen de profundo convencimiento con respecto
a lo que el orador va a decir, de manera que predispone al
público de manera satisfactoria.
La
mirada debe dirigirse siempre al público, para lograr
que las personas presentes se adentren en el discurso. Es
importante no abusar de los gestos y evitar tocar con nerviosismo
los papeles, el cabello, etc.; ya que puede distraer a quienes
estén escuchando el discurso.
La
elocución
El
tono de voz es muy importante para que el discurso no sea
monótono. El primer recurso es la palabra y el segundo
el silencio. Subir y bajar los tonos de voz, manejar los silencios
para atraer la atención del público y utilizar
sinónimos para enfatizar un concepto son elementos
importantes que deben utilizarse y que ayudan a tener dominio
sobre la audiencia.
Las
interpelaciones
Es
importante tener en cuenta que un buen discurso y la impresión
que éste deja en los demás puede decrecer si
la respuesta dada a una pregunta es insatisfactoria, confusa
o evasiva.
Si
la interpelación no es clara o se desvía del
tema podrá ser reformulada poniéndola en su
lugar, precisándola o remitiéndola al tema (siempre
en forma cortés).
Un
razonamiento puede ser rechazado de las siguientes formas:
- Demostrando
que esa clase de razonamiento es inaceptable o vicioso
- Oponiendo
otro razonamiento de igual o mayor fuerza
- Aceptando
su valor, pero argumentando su impertinencia
- Ignorándolo,
no cayendo en la insolencia
- Mostrando
el poco valor de los datos en que se basa
- Denunciando
que lo dicho es falso
- Probando
que la conclusión está mal inferida
- Condenando
la justificación
- Demostrando
que los conceptos comparados no tienen relación entre
sí
El
discurso
El
discurso es la columna vertebral de la exposición ante
la Asamblea. Su preparación debe ser pautada y estar
enmarcada de forma tal que las ideas fluyan de manera lógica.
La
estructura del discurso se divide en:
- apertura
- cuerpo
- conclusión
La
primera y última frase del discurso son fundamentales.
Nunca debe subestimarse la claridad, la resonancia y el impacto
de la primera frase, así como tampoco el desarrollo
bien articulado del epílogo.
En
las asambleas, los delegados deben dirigirse siempre a la
autoridad que preside, tanto para pronunciar el discurso como
para formular mociones y responder interpelaciones.
Se
debe respetar las normas establecidas y los tiempos para hablar.
Se debe tener en cuenta que el lenguaje apropiado para los
debates formales difiere del informal.
No
se debe olvidar que se está hablando en representación
de un país Es muy importante no cometer el error de
utilizar términos tales como "yo creo", "yo
pienso", "me parece que", etc.
Para
finalizar esta sección, presentamos un ejemplo de discurso
pronunciado por el Representante de Israel, Sr. Lancry, durante
la 78va sesión plenaria del 54vo. período de
sesiones de la Asamblea General (10/12/99):
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"Israel
se sumará al consenso sobre el proyecto de resolución
relativo al Año de las Naciones Unidas del Diálogo
entre Civilizaciones. En nombre de mi Gobierno, aprovecho
esta oportunidad para expresar nuestra sincera gratitud
y aprecio al Representante Especial para el Año
de las Naciones Unidas del Diálogo entre Civilizaciones,
Sr. Giandomenico Picco, por su informe.
Merced
a las peregrinaciones que ha vivido de una nación
a otra y de las tribulaciones que ha padecido en muchas
ocasiones y en muchos lugares y que han forjado su historia
y su civilización, el pueblo de Israel ha desarrollado
una relación pluralista, fértil y enriquecedora
con las diversas culturas de la humanidad. La confluencia
del mensaje bíblico y sus tres principales ramas
monoteístas - el judaísmo, el cristianismo
y el Islam forman uno de los troncos comunes más
importantes de la cultura universal. La Persia antigua
de Ciro y de Darío, el Egipto antiguo de los
faraones y de José, la sabiduría y la
filosofía griegas y latinas y la edad de oro
judeo - musulmana en la España medieval proporcionaron
al pueblo de Israel horizontes intelectuales y espacios
para el diálogo en un marco de respeto por la
diversidad y de armonía en la convergencia.
En
las circunstancias actuales, es necesario examinar la
noción de diálogo - que en su sentido
actual, y bastante estrecho, se refiere a un debate
entre dos interlocutores - en su raíz etimológica,
es decir, la del diálogo como debate entre varios,
como tendencia y aspiración hacia el logos, esa
lógica que conduce a la síntesis que reconcilia
diferencias y permite que se expresen los valores de
la armonía y la tolerancia.
En
nuestra religión, los hijos de Abraham - los
musulmanes, los cristianos y los judíos han contribuido
al establecimiento de la paz y de la reconciliación.
Sin embargo, el diálogo entre los asociados para
la paz sigue estando limitado esencialmente a cuestiones
políticas. Por tanto, es necesario y urgente
dar a esta gramática política, a menudo
dura y frustrante, una base que relaciones culturales
y civilizaciones a fin de establecer un nuevo espacio
en el que la diversidad y la unidad unan los estratos
de la coexistencia humana en un marco de justicia, tolerancia,
solidaridad y respeto mutuo.
Compartimos
plena y profundamente la convicción de que el
diálogo entre civilizaciones representa un elemento
fundamental y una fuerza motriz para el entendimiento
entre los pueblos y para el firme arraigo de la paz
y la reconciliación. Israel está intentando
lograr este objetivo supremo en su labor en pro de la
paz. Para mi país se trata de convertir la paz
política en una al diálogo realidad regional
que abarque plenamente a todos los pueblos interesados
en una simbiosis de esferas culturales, espirituales,
políticas y económicas. El pueblo judío,
tanto en su patrimonio ancestral como en su reencarnación
moderna, el Estado de Israel, está totalmente
abierto a este diálogo entre civilizaciones y
está comprometido a contribuir a él en
la firme esperanza de que la familia de naciones se
una al diálogo sin reservas e inequívocamente."
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