Ramiro González, 10 años

El volcán es como un Dios. Él puede herirnos con su energía, su luz, y sus rayos poderosos. Pero yo no le tengo miedo, lo quiero mucho porque siempre nos ha acompañado y nos proteje de los vientos. Nuestro volcán nunca nos hará daño porque después de la última erupción de 1941, hicimos un pacto con el volcán. Ese pacto quiere decir que todos los años le hacemos una fiesta a San Felipe de Jesús, con mojiganos, cabalgatas, bailes, reinados y corridas de toros en la petatera; a cambio de la fiesta, San Felipe de Jesús convenció al volcán para que sea bien portado.

La petatera es una plaza de toros construida con ramas, troncos y petates. Cuando la gente entra a ella y camina o salta, se mueve como mueve el volcán cuando está furioso.

Yo creo que de la petatera le parece divertido al volcán, porque la petatera es él, pero lleno de gente feliz y agradecida.