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El problema

Cuando los dirigentes se reúnan en la Cumbre de Johannesburgo, se encontrarán con una situación mundial sensiblemente diferente, en muchos aspectos, a la que reinaba cuando se celebró la Cumbre para la Tierra de 1992. La mundialización, impulsada por las decisiones de los gobiernos de todo el mundo de liberalizar el comercio y los mercados de capitales, acompañada por la privatización y la desregulación de las actividades económicas y el rápido desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, ha cambiado radicalmente el panorama económico mundial.

El decenio de 1990 fue una época de prosperidad cada vez mayor para los países y las empresas que pudieron aprovechar la mundialización y la rápida difusión de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. Los Estados Unidos gozaron de un período de expansión sin precedentes, que sirvió como motor primordial de la economía del mundo. El comercio internacional floreció durante todo el decenio, y las exportaciones mundiales crecieron a una tasa promedio del 6,4% y alcanzaron una cifra de 6,3 billones en 2000. Incluso los países en desarrollo, como grupo, experimentaron un crecimiento sólido, y el producto interno bruto, que había aumentado un 2,7% anual en el decenio de 1980, aumentó un 4,3% en el decenio de 1990.

Los beneficios de la mundialización son obvios: crecimiento más rápido, mejores niveles de vida y nuevas oportunidades. Pero no todos los países ni todas las personas han participado de los beneficios del fenómeno de la mundialización. Muchos países que carecen de capacidad técnica, infraestructura y capacidad institucional se encuentran muy rezagados con respecto al resto del mundo. África, por ejemplo, experimentó un crecimiento marginal durante el decenio, y lo que ganó lo perdió con el elevado crecimiento demográfico, que amplió la brecha entre los niveles de vida de África y el resto del mundo. Como África quedó aún más marginada durante el decenio, su participación en el comercio mundial siguió cayendo, de apenas un 2,7% en 1990 a un 2,1% en 2000.

Los críticos de la integración económica mundial aducen que el problema no es sólo que la mundialización beneficia principalmente a los ricos, sino que también impone más sacrificios a los pobres de los países en desarrollo, aumenta la inestabilidad y la vulnerabilidad, va en detrimento de las culturas locales y es perjudicial para el medio ambiente. Varias crisis financieras suscitaron la preocupación de que la mundialización podría quitar tanto como lo que podía dar. Primero en México, y luego en Asia oriental, retiros masivos de capital devastaron las economías y empujaron a millones de personas nuevamente a la pobreza. Pese a que muchas de esas economías se han recuperado desde entonces, persiste la preocupación de que la maquinaria de la mundialización pueda provocar fases de contracción financiera más profunda.

El mundo está interconectado como nunca antes -los grupos y las personas interactúan cada vez más directamente a través de las fronteras, con frecuencia sin comprometer al Estado en lo más mínimo. Por supuesto que esto entraña peligros. Hoy en día el delito, los narcóticos, el terrorismo, las enfermedades y las armas se mueven más rápido en uno y otro sentido, y en mayores volúmenes.

Algunas estadísticas esenciales

· En el decenio de 1990, las economías de los países en desarrollo que se integraron en la economía mundial crecieron a un ritmo más de dos veces superior con relación a los países ricos. Los que no se mundializaron crecieron sólo a la mitad del ritmo y siguen quedando muy rezagados.

· En promedio, los países en desarrollo que impusieron grandes rebajas de aranceles en el decenio de 1980 crecieron más rápidamente en el decenio de 1990 que los que no tomaron esa medida.

· En el decenio de 1990, la tasa anual media de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para los países en desarrollo en general aumentó hasta un 4,3%.

· El índice general de pobreza, basado en una línea de pobreza determinada por un ingreso de un dólar por día, bajó del 29% en 1990 al 23% en 1998.

· El número total de personas que viven en la pobreza bajó levemente de unos 1.300 millones a 1.200 millones en el decenio de 1990.

· Solamente el 15% de la población mundial, en los países de elevados ingresos, es responsable del 56% del consumo total, mientras que el 40% más pobre, de los países de bajos ingresos, es responsable sólo del 11% del consumo.

· El 10% más pobre de los habitantes del mundo recibe solamente el 1,6% de los ingresos del 10% más rico, y el 1% más rico recibió tantos ingresos como el 57% más pobre.

· Los gobiernos de todos los países subsidian determinadas formas ineficientes e insostenibles de utilización de la energía y el transporte, a un costo de entre 650.000 millones y 1,5 billones de dólares por año.


Qué es preciso hacer

El Secretario General de las Naciones Unidas, en su informe sobre la aplicación del Programa 21, sugirió que los participantes en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible examinaran un cierto número de propuestas orientadas a garantizar que la mundialización se administrara de forma que el crecimiento económico y el desarrollo sostenible llegaran a todos los países y que los beneficios se distribuyeran más ampliamente. Entre las recomendaciones cabe destacar las siguientes:

· Desarrollar y fortalecer la gestión coordinada de las políticas macroeconómicas tanto en el plano nacional como en el internacional, para responder mejor a las preocupaciones sobre la mundialización y el desarrollo sostenible.

· Eliminar los subsidios que distorsionan el comercio y mejorar el acceso de los productos y los servicios de los países en desarrollo a los mercados de los países desarrollados, especialmente los productos en que los países en desarrollo tienen ventajas competitivas, como los agrícolas y los textiles.

· Eliminar todas las excepciones al tratamiento de exención de impuestos y de cuotas para las exportaciones de los países menos adelantados.

· Ayudar a los países en desarrollo, en particular a los países menos adelantados, en sus esfuerzos para integrarse plenamente en el sistema del comercio mundial y participar efectivamente en las negociaciones comerciales multilaterales.

· Fortalecer a la Organización Mundial del Comercio para que proporcione un marco institucional que permita implantar un sistema de comercio internacional imparcial, basado en reglamentos y no discriminatorio.

· Ayudar a los países en desarrollo a cerrar la brecha digital.

En la reunión de la OMC celebrada en Doha y en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo celebrada en Monterrey, los países se comprometieron firmemente a abordar algunos de los principales desafíos impuestos por la mundialización. En Johannesburgo, la clave será que los gobiernos, junto con las ONG y las empresas, definan y pongan en marcha iniciativas que puedan capitalizar los compromisos formulados.