banner
 



sobre la crisis

causas

impactos

cumbre de roma

material

noticias

 

 

Causas


 

Parece que una confluencia de fuerzas diferentes ha creado los desarrollos únicos que se han observado durante los dos últimos años. Pueden resumirse de la manera siguiente:

Por parte de la oferta

Por parte de la demanda

 

 

 

Oferta

 

Déficits de producción relacionados con el clima:

 

Un desencadenante crítico del repunte de los precios ha sido el descenso de la producción de cereales en los principales países exportadores, que comenzó a disminuir en 20057 y continuó en 2006, con una reducción anual del 4 y el 7 % respectivamente. El rendimiento en Australia y Canadá disminuyó en aproximadamente una quinta parte en conjunto, y en otros países la tendencia fue igual o inferior. Se produjo un aumento significativo de la producción de cereales en 2007, especialmente del maíz en Estados Unidos, como respuesta a la subida de los precios. Por otra parte, la producción de los principales grupos de productos alimentarios restantes por parte de los países exportadores más importantes no experimentó la misma evolución durante este periodo. La rápida respuesta de la oferta para los cereales de 2007 se consiguió a expensas de reducir los recursos productivos asignados a las semillas oleaginosas en algunos países, especialmente la soja en Estados Unidos, lo que produjo un descenso importante de la producción de semillas oleaginosas.

 

Niveles de reservas:

 

La reducción gradual del nivel de reservas, especialmente de los cereales, desde mediados de la década de los 90 es otro factor atribuible a la oferta que ha influido considerablemente en los mercados en los últimos tiempos. No cabe duda de que los niveles de reservas mundiales se han reducido desde el evento de precios altos anterior, experimentado en 1995, en un 3,4 % de media anual, debido a que el crecimiento de la demanda ha superado a la oferta. Las crisis de la producción, con los recientes niveles bajos de reservas, ayudaron a crear el marco para los rápidos repuntes de precios.

Diversos cambios del contexto normativo desde los acuerdos de la Ronda Uruguay han contribuido de forma decisiva a reducir los niveles de reservas de los principales países exportadores, a saber:

el tamaño de las reservas mantenidas por las instituciones públicas; el elevado costo que supone el almacenamiento de productos perecederos; el desarrollo de otros instrumentos menos costosos para la gestión del riesgo; el aumento del número de países con capacidad para la exportación; y las mejoras de las tecnologías de la información y el transporte. Cuando los principales países exportadores sufren reducciones de la producción durante años consecutivos en dichas circunstancias, los mercados internacionales tienden a mostrarse menos activos y a experimentar mayor volatilidad de los precios, y el alcance de los cambios de los precios se magnifica cuando se producen eventos inesperados. Existe sin duda una relación negativa estadísticamente importante entre el coeficiente de reservas y utilización (la relación entre las reservas al principio de la campaña y la utilización durante este periodo) y los precios de los cereales conformados durante la misma campaña. Esto significa que los mercados poco activos a nivel global al principio de la campaña tienden a ejercer una presión alcista sobre los precios. Cuando las reservas alcanzan niveles muy bajos, la ausencia de suministros de reserva significa que los precios podrían aumentar repentinamente en caso de crisis de la oferta o de la demanda.

Esta es una de las principales razones del marcado repunte que experimentaron los precios internacionales de los cereales en 2006, que se prevé que conserven niveles altos durante algún tiempo. Se prevé que, al cierre de las campañas de 2008, las reservas mundiales de cereales se reduzcan en un 5 % más sobre su ya bajo nivel del principio de la campaña, con lo que alcanzarán los niveles más bajos de los últimos 25 años. Se cree que el coeficiente entre reservas mundiales de cereales y utilización caiga al 18,8 %, un 6 % más que la ya baja relación de 2006-2007.

La situación de las reservas de aceites/grasas y harinas oleaginosas/harinas de pastelería comenzó a deteriorarse a mediados de 2007 debido a los efectos derivados de las evoluciones de los mercados de los cereales, especialmente de los cereales secundarios y el trigo, y se prevé que el coeficiente reservas-utilización caiga del 13 al 11 % para los aceites/grasas y del 17 al 11 % para las harinas oleaginosas/harinas de pastelería antes de que acabe la campaña 2007-2008.


 

 

Aumento de los costos del combustible:

 

El encarecimiento de los combustibles ha incrementado también los costos de producción de los productos agrícolas; por ejemplo, el precio en dólares de EE.UU. de algunos fertilizantes (como el superfosfato triple y el cloruro de potasio) subió en más del 160 % durante los dos primeros meses de 2008, en comparación con el mismo periodo de 2007. De hecho, el encarecimiento de la energía ha sido muy rápido y marcado, como indica el índice de precios de la energía Reuters-CRB, que se multiplicó por más de tres desde 2003. Además, con el aumento de las tasas de flete que se duplicaron entre febrero de 2006 y febrero de 2007, el costo de transportar los alimentos a los países importadores también ha resultado afectado.


tabla 4

 

arriba

 

 

 

 

Demanda

 

 

Productos agrícolas y biocombustibles:

El mercado emergente de los biocombustibles constituye una fuente de demanda nueva e importante para algunos productos agrícolas, como el azúcar, el maíz, la yuca, las semillas oleaginosas y el aceite de palma. El aumento de la demanda de estos productos ha sido uno de los principales motivos del aumento de sus precios en los mercados mundiales lo que, a su vez, ha generado el encarecimiento de los alimentos.

Estos productos, que se han empleado principalmente como alimento y/o forraje, se están cultivando ahora como materia prima para la producción de biocombustibles. El notable encarecimiento del crudo los convierte en sustitutos viables en algunos países destacados que disponen de la capacidad necesaria para usarlos. Por ejemplo, el etanol procedente de diversas materias primas y sistemas de producción agrícola puede competir con la gasolina con diferentes precios del crudo y los productos básicos. La caña de azúcar brasileña resulta competitiva, ya que su precio como crudo es muy inferior al de otras materias primas y explotaciones de producción. Schmidhuber (2006) calculó que, para que el etanol de maíz estadounidense fuera competitivo, el precio por barril del crudo debía rondar los 58 dólares de EE.UU., pero es importante destacar que este punto de inflexión refleja los precios del maíz en un momento fijo y que cambiaría según los precios de las materias primas. De hecho, el maíz se ha encarecido enormemente desde que se realizó este análisis, en parte como consecuencia de la demanda de biocombustibles. Tyner y Taheripour (2008) calculan que, para que el etanol basado en maíz estadounidense resultara rentable partiendo de un precio del aceite de 100 dólares de EE.UU. por barril, el maíz tendría que costar menos de 4,14 dólares de EE.UU. por bushel sin utilizar los subsidios al etanol, o menos de 5,74 dólares de EE.UU. utilizando los subsidios. En su cálculo de los subsidios incluyen el valor combinado de los imperativos legales, los créditos tributarios y las barreras arancelarias sobre los combustibles renovables estadounidenses, que representan un valor total de aproximadamente 1,60 dólares de EE.UU. por bushel para el maíz utilizado en la producción de etanol.

Esta posibilidad, combinada con la esperanza de que estas evoluciones puedan fomentar el desarrollo rural y reducir la dependencia, ha impulsado cada vez más la implementación de normativas públicas en apoyo del sector de los biocombustibles, lo que estimula aún más la demanda de estas materias primas. El apoyo al bioetanol y al biodiésel en algunos países de la OCDE ascendió a 11 000-12 000 millones de dólares de EE.UU. en 2006. El apoyo total estimado (TSE) representa el valor total de todo el apoyo gubernamental al sector de los biocombustibles. Aquí se incluye el valor total de los imperativos legales de consumo, créditos tributarios, barreras arancelarias, subsidios a la inversión y apoyo general al sector, como la inversión en investigación pública, pero no se toma en cuenta el apoyo a la producción de materias primas agrícolas. El apoyo que recibieron los elaboradores y cultivadores ascendió a aproximadamente 6 000-7 000 millones de dólares de EE.UU. en Estados Unidos y a 4 700 millones de dólares de EE.UU. en la Unión Europea. El cuadro indica también que la mayoría del apoyo concedido varía según el nivel de producción, lo que parece indicar que los subsidios a los biocombustibles de la OCDE probablemente crecerán a medida que aumente el consumo obligatorio.

De los principales productos alimentarios y forrajeros, la demanda adicional de maíz (una materia prima para la producción de etanol) y colza (una materia prima para la producción de biodiésel) ha mostrado el mayor impacto potencial sobre los precios. Por ejemplo, de los casi 40 millones de toneladas en que aumentó la utilización mundial del maíz en 2007, prácticamente 30 millones fueron absorbidas únicamente por las plantas de etanol, sobre todo de Estados Unidos, que es el mayor productor y exportador mundial de maíz. Se prevé que más del 30 % de la cosecha de maíz de 2008 del país se desviará a las destilerías de etanol, lo que supone más del 12 % de la producción mundial de maíz. En la Unión Europea, se calcula que el sector del biodiésel ha absorbido aproximadamente el 60 % de la producción de aceite de colza de los estados miembros en 2007, lo que equivale al 25 % de la producción mundial y al 70 % del comercio mundial de este producto en 2007.

El punto problemático no reside sólo en la cantidad que puede destinarse de cada cultivo a los biocombustibles, en lugar de a alimentos y forraje, sino también en qué cantidad de la superficie apta para el cultivo puede dejar de utilizarse para producir otros cultivos y destinarse a los cultivos utilizados como materias primas para la producción de biocombustibles. A modo de ejemplo, los altos precios del maíz desde mediados de 2006 animaron a los agricultores de Estados Unidos a plantar más maíz en 2007. Las plantaciones de maíz aumentaron en casi un 18 % en 2007, pero esto sólo pudo lograrse a expensas de reducir las superficies destinadas a la soja y, en menor medida, al trigo. La expansión de las plantaciones de maíz, combinada con unas condiciones climáticas favorables, dio lugar a una cosecha extraordinaria en 2007 que permitió al país satisfacer la demanda nacional, incluida la procedente de su creciente sector del etanol, además de las exportaciones. No obstante, este éxito aparente del maíz enmascaraba otra evolución importante, la disminución de las plantaciones de trigo y soja, cuya menor producción fue uno de los motivos de la marcada subida de sus precios. Esta reacción en cadena podría repetirse en 2008, pero en este caso en sentido inverso. Se ha informado de que los agricultores estadounidenses están reduciendo sus plantaciones de maíz en beneficio de la soja y el trigo debido a sus precios relativamente más altos. Sin embargo, se prevé que la demanda de maíz por parte del sector del etanol continúe aumentando y, si la producción de maíz disminuye en 2008, resulta poco probable que Estados Unidos pueda satisfacer toda la demanda (alimentos, forraje, combustible y exportaciones) sin que se reduzcan considerablemente sus propias reservas de maíz. Será necesario seguir de cerca esta posible evolución ya que, en los periodos en los que los mercados se muestran poco activos, podría dar lugar a una mayor estabilidad del precio del maíz otra vez el año próximo. En los próximos años, vista la nueva ley estadounidense sobre la energía (Energy Independence and Security Act, EISA), es casi seguro que la demanda de materias primas para el maíz aumente considerablemente debido a los imperativos legales.

Los análisis de los vínculos entre los precios semanales de la gasolina, el etanol, el maíz y el azúcar, y entre los precios semanales del crudo y de algunos de los principales aceites vegetales, como la palma, la soja y la colza, sugieren que existen vínculos significativos desde el punto de vista estadístico entre los mercados correspondientes. El esquema anterior resume esas relaciones y presenta información sobre las rutas de influencia empíricas desveladas por el análisis. Se observó que los precios del crudo determinan el equilibrio a largo plazo de los precios del etanol y del azúcar en Brasil, y que constituyen un motor importante para los mercados de aceites vegetales de la Unión Europea, con la influencia adicional de los precios del aceite de soja en los mercados del aceite de colza y palma.

La “independencia” de los precios del maíz en el vínculo energético de Estados Unidos es una conclusión en cierto modo sorprendente: los precios de la energía no parecen tener relevancia en el equilibrio entre los mercados de cereales y el precio del maíz no influye en la fijación de los precios del etanol, pese a que el precio de la materia prima es el componente dominante del programa de costos del etanol. Los indicios sugieren que, durante el período, otros aspectos fundamentales como las políticas y los cambios normativos en los mercados de biocombustibles y cereales del país desempeñaron un papel más importante en la evolución de los precios de los cereales. Debe tenerse en cuenta que se prevén desviaciones a corto plazo entre los precios de las materias primas de cultivos y biocombustibles, como consecuencia de los ajustes a los constantes cambios en las situaciones de los mercados de cultivos y energía. En el futuro, a medida que crezca la capacidad de producción y aumente el grado de intercambiabilidad entre los biocombustibles y los combustibles fósiles desde el punto de vista de la demanda, se puede esperar que las relaciones entre los precios sean aún más estrechas.

 

Cambio en la estructura de la demanda:

 

Es por todos reconocido que el desarrollo económico y el crecimiento de los ingresos en los países en desarrollo y emergentes, así como el crecimiento demográfico y la urbanización, han modificado de forma gradual la estructura de la demanda de productos alimentarios. Los patrones en la alimentación, en proceso de diversificación, se están alejando de las comidas amiláceas para integrar más productos cárnicos y lácteos, lo que está intensificando la demanda de cereales de forraje y reforzando los vínculos entre los diferentes productos alimentarios13. No obstante, estos cambios no son realmente la causa principal del repunte repentino que comenzó en 2006. No se pretende con esto menoscabar el papel que podrían haber desempeñado los cambiantes patrones de la alimentación en la reducción del nivel de reservas de los mercados de cereales y semillas oleaginosas durante la última década y, por consiguiente, en los repuntes observados en los precios, ni el papel que probablemente desempeñarán en el futuro15. Una vez dicho esto, conviene destacar que el consumo de alimentos y forraje continúa mostrándose fuerte pese a las drásticas subidas de los precios, lo que indica que, o bien la demanda muestra una elasticidad mínima frente a los repuntes de los precios, o ha subido a un nivel superior, o bien los precios no se han transmitido al ámbito nacional. Parecería que la situación se debe a una combinación de estos factores.

El cambio de hábitos alimenticios de las economías emergentes ha sido gradual. Desde  la década de las 80 China e India han tenido una tendencia a la baja en las importaciones de cereales con un promedio del 4 por ciento anual. Desde finales de los 90, China se ha convertido en exportador de cereales.  

 

 

* NOTA: La información contenida en esta sección se encuentra en el documento: "Aumento del precio de los alimentos: hechos, perspectivas, impacto y aciones requeridas"

 

 

arriba