INTERVENCIÓN DEL REPRESENTANTE PERMANENTE DE MÉXICO, EMBAJADOR ENRIQUE BERRUGA, EN LA SESIÓN DE CONSULTAS SOBRE EL INFORME DEL SECRETARIO GENERAL "UN CONCEPTO MÁS AMPLIO DE LA LIBERTAD, DESARROLLO, SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS PARA TODOS".(TEMAS DE LA AGENDA: 45 Y 55).

Nueva York, N. Y., 8 de abril de 2005

Señor Presidente:

Con la presentación del informe del Secretario General, las propuestas del Panel de Alto Nivel y el informe Sachs, contamos ya con tres insumos intelectuales y políticos de gran importancia para conducir nuestras deliberaciones. Las consultas que usted ha organizado, Señor Presidente, permiten a todas las delegaciones fijar su postura sobre aspectos centrales de las Naciones Unidas. Pero es preciso tomar conciencia de que una vez concluidas estas consultas comenzará el reto principal para nuestra Organización. Esto es, forjar acuerdos para instrumentar las medidas que adoptemos y darles debido seguimiento.

A juicio de México, estamos en la antesala de una negociación amplia y compleja. Las sucesivas rondas de consultas son indicativas del sentir y de las posturas nacionales; las negociaciones son necesarias para alcanzar acuerdos y poner en práctica los compromisos.

Es necesario prever sin mayor retraso los términos de esa negociación general. El marco de referencia para conducir dichas negociaciones, debe atender a los siguientes criterios:

  • Preservar la unidad de propósitos y metas que perseguimos colectivamente dentro de las Naciones Unidas.

  • Fortalecer el marco de acción y la efectividad de la diplomacia multilateral. Tener claridad en que son los retos y las amenazas los que determinan las estructuras y los cambios en la arquitectura institucional y no a la inversa. Las reformas que impulsemos deben orientarse a enfrentar de manera efectiva los grandes problemas del desarrollo, la seguridad y los derechos humanos. Esta será la guía para definir el tipo de estructuras e instituciones que requerimos.

  • Los grandes problemas del mundo son transversales. Por ello, nuestra organización mundial requiere de una reforma integral. El binomio entre seguridad y desarrollo requiere de una atención en simultáneo y de intensidad similar.

  • Fortalecer, además de la eficacia de las instituciones, su legitimidad, transparencia y rendición de cuentas.

  • El tenor de las negociaciones debe fijarlo el sentido de urgencia por reestructurar nuestro sistema, el beneficio colectivo y la adecuada atención de aquellos desafíos que ningún país puede resolver aisladamente.

  • En suma, Señor Presidente, estimamos que la ruta crítica que nos espera debe pasar de la discusión a la construcción de acuerdos y de ahí, dar el paso a la negociación y a la puesta en práctica de nuestras decisiones colectivas.

Los países que formamos parte del Grupo de Amigos para la Reforma de las Naciones Unidas, convocado por iniciativa del Presidente Vicente Fox, tuvimos la oportunidad de contribuir a este proceso mediante la presentación de 14 documentos de propuestas. Estamos en la mejor disposición de continuar respaldando los esfuerzos del Secretario General y de usted, Señor Presidente. En los próximos meses el Grupo redoblará su actividad para promover la instrumentación de distintas propuestas de reforma.

Sr. Presidente:

Dada la creciente complejidad de los retos modernos, mi país ha insistido en una reforma integral de la Organización.

Consideramos que una reforma integral, tal y como se desprende de las mismas reflexiones del Secretario, abarca 4 aspectos fundamentales: desarrollo, seguridad, estado de derecho y derechos humanos. Sin embargo, este planteamiento conlleva la necesidad de diseñar una nueva arquitectura institucional. En efecto, la estructura de nuestra organización tiene que ofrecer respuestas y soluciones en estos ámbitos. Resulta tan inútil como riesgoso perder de vista este aspecto de una reforma institucional equilibrada como la que el Secretario General nos dibuja en su informe y que consideramos que requiere la mayor atención.

Es necesario dotar a los órganos encargados de cada uno de estos temas de las facultades y los recursos necesarios para que cumplan con su encomienda. En la práctica -y de ahí su relevancia- el único órgano principal que muestra capacidad de que sus resoluciones se cumplan, es el Consejo de Seguridad, toda vez que la obligatoriedad de sus resoluciones está prevista en el artículo 25 de la Carta. En los casos de la Asamblea General, el ECOSOC o de la Comisión de Derechos Humanos, sabemos que la naturaleza jurídica de sus resoluciones es distinta. Si bien no podemos negar la realidad que refleja la Carta, lo grave es que estos órganos actúan por cuenta separada y a diferentes ritmos.

La Asamblea General podría subsanar perfectamente esta falta de coordinación en los esfuerzos de las Naciones Unidas. La visión de conjunto corresponde a la Asamblea General, en tanto que es la suma total de la comunidad de naciones. No obstante observamos que las resoluciones de la Asamblea General, a pesar de reflejar las grandes posiciones del mundo, tienen un efecto transformador alarmantemente pobre.

De continuar esta tendencia consolidaremos unas Naciones Unidas dominadas por el Consejo de Seguridad, sin contrapesos y sin alternativas. Así, cuando surgen crisis humanitarias, no es la Comisión de Derechos Humanos la que toma cartas en el asunto, sino el Consejo de Seguridad. Tenemos el caso reciente de Darfur. Cuando surgen crisis enraizadas en la pobreza y la ingobernabilidad, no es el Consejo Económico y Social el que posee los recursos y las capacidades para atenderlas, sino el Consejo de Seguridad. Tenemos el caso reciente de Haití.

Otro riesgo que corremos es el de sobrecargar la agenda del Consejo de Seguridad, dotándolo de tareas adicionales que terminen por afectar su funcionamiento y eficacia. Con objeto de que el Consejo pueda dar un seguimiento puntual a los casos que realmente lo ameritan, es necesario que los distintos órganos del sistema cumplan de manera adecuada con su labor, bajo un enfoque integral.

Visto de este modo, cualquier observador atento pensaría que son más urgentes las reformas al ECOSOC y a la Comisión de los Derechos Humanos que la misma del Consejo de Seguridad, que en este contexto parecería gozar de una relativa salud. Pero sabemos que no es así: el acento de la reforma se pone especialmente en el Consejo de Seguridad y sólo lateralmente en los demás componentes de nuestro sistema, incluida la Asamblea General.

Señor Presidente,

El Secretario General propone una Organización basada en la interacción entre tres Consejos, una Comisión y la Asamblea General, una nueva arquitectura institucional que responda al planteamiento de la reforma integral. Esta visión pudiera arrancar con la propuesta de México de crear un Mecanismo Institucionalizado de Consulta en el que participen los presidentes de los órganos principales de la ONU y de los órganos subsidiarios, según corresponda. El Mecanismo coadyuvaría a detectar oportunamente situaciones que pudieran derivar en conflictos y que requieren ser atendidos desde diferentes perspectivas tomando en cuenta el mandato de cada órgano. Creemos que la prevención de conflictos debe ser una constante en la labor de la Organización en su conjunto.

En ese sentido apoyamos la propuesta de establecer una Comisión de Construcción de la Paz. Este mecanismo contribuiría a la consolidación de la paz y la seguridad internacionales, de ahí su necesaria vinculación con el Consejo de Seguridad. Pero también sería un mecanismo cuya acción en el ámbito económico y social la sitúan muy cerca del ECOSOC y de la Asamblea General. Ante estas disyuntivas, consideramos que compete a la Asamblea General definir primeramente el mandato de esta nueva estructura y su lugar adecuado dentro de la Organización.

Respecto a la conformación de un Consejo de Derechos Humanos, apreciamos en todo lo que vale la intención del Secretario General de elevar el rango de este importante tema. Sin embargo, consideramos que sus atribuciones y su composición deberán estar definidas por la Asamblea General y remontar los vicios y debilidades que ha mostrado la Comisión de Derechos Humanos.

El Consejo no deberá dejar de lado la importante labor de codificación que tiene actualmente la Comisión de Derechos Humanos y abrir los espacios políticos necesarios para que este nuevo Consejo cuente con una visión plural del tema. Este órgano deberá tener la capacidad de alertar y atender graves crisis humanitarias. Deberá ir de la mano de las normas de aplicación que determinemos sobre el concepto de la responsabilidad de proteger.

México concuerda con el Secretario General en la estrecha relación entre los derechos humanos y la seguridad. En tal sentido, coincidimos en la necesidad de que la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos tenga un papel más activo en las deliberaciones del Consejo de Seguridad y, en su caso, de la Comisión para la Construcción de la Paz. Estamos convencidos de la imposibilidad de alcanzar la paz y la estabilidad sin una política activa a favor del respeto de los derechos humanos.

La reforma del Consejo de Seguridad, debe considerarse a la luz de esta nueva arquitectura institucional que estamos planteando. Su interacción con el Consejo de Derechos Humanos que se ha propuesto o bien con una Comisión de Derechos Humanos reformada, con la Comisión de Consolidación de la Paz y el ECOSOC definirían un nuevo equilibrio estructural y nuevas reglas.

Respecto a la cuestión de la reforma del Consejo de Seguridad, México, junto con otros países, ha hecho un llamado para alcanzar una fórmula negociada y de consenso. Sólo así se evitarán fracturas al interior de la Organización.

Ya hemos señalado nuestra preferencia por la ampliación en el número de los miembros electos y del término de sus mandatos con la posibilidad de reelección para aquéllos Estados cuya actuación haya demostrado un compromiso sólido con los fines de nuestra Organización. Este esquema fomentaría la rendición de cuentas.

Sr. Presidente,

En este escenario, el Informe del Secretario General nos reclama una revisión importante de nuestra Organización. Es un llamado poderoso a convocar a una ronda de negociaciones que conduzcan a una mejor utilización de las instituciones que entre todos hemos construido y quizás añadir nuevas estructuras. La nueva fortaleza del multilateralismo requiere sustentarse en un consenso amplio sobre el papel que queremos, como expresión política, asignarle a las Naciones Unidas. Por ello nos parece peligroso para el funcionamiento de nuestra Organización, proponer soluciones parciales que no sean fruto de un ejercicio de concertación general. De hacerlo así, el escenario más probable que enfrentaremos será el de un organismo fragmentado y potencialmente lastimado por el antagonismo.

Quizá no sea realista esperar que la reforma integral de las Naciones Unidas ocurra entre este momento y el mes de septiembre. Lo que sí podemos esperar razonablemente es que en estos pocos meses podamos sentar las bases de una negociación que de origen a la arquitectura institucional del futuro.

México entiende a la ONU como un ámbito de cooperación y de respaldo mutuo y respetuoso entre las naciones. No es un campo de batalla, sino un espacio para ofrecer soluciones globales. Quebrantar ese espíritu resulta riesgoso y probablemente irreversible.

Muchas Gracias.

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